August 18, 2017

A mí me quitaron Barcelona.

A mí me quitaron Barcelona como te quitan a una novia. Una novia a la que quisiste mucho y con la que pensabas pasarías toda la vida, hasta que una tarde o un amanecer descubres que ya no es tuya, aunque tú aún la ames. Te despiertas o te duermes descubriendo que ahora es de otro y que por más que te esfuerces en seguir queriéndola ella ya no va a volver a ti, porque ya no te pertenece.
Y te enfadas, y te entristeces, y la echas de menos. Piensas que nunca encontrarás a otra igual hasta que la encuentras. No a una sino a muchas otras que poco a poco la van reemplazando y poco a poco van haciendo que el enfado y el rechazo que una vez fue amor se vaya convirtiendo en cariño distante. Y al final la vuelves a querer, pero de otra manera, deseándole lo mejor pero prefiriéndola lejos. Con otro, con esos otros que te la quitaron y dejaron de hacerla tuya.
Así me quitaron a mí Barcelona. Como te quitan a una mujer. Porque a las ciudades se les quiere como a las mujeres. O al menos, así las quiero yo.
Y aunque ya no es mía, aunque ya no quiero que lo sea, le sigo deseando lo mejor y cuando le hieren me duele.

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September 02, 2015

Better Together

Porque de dónde vienes, qué idioma hablas, en qué crees tiene importancia, te diferencia, te puede incluso enorgullecer, pero no te hace mejor que a nadie. Porque los pueblos solo existen en los mapas, y las tribus son ahora los hipsters, los emos y los góticos, no el grupo genético o geográfico que me protege contra el del otro lado del río que quiere robarme los caballos y acostarse con mis mujeres.
Porque la Unión Europea es lo mejor que se nos ha ocurrido a los de este continente desde el derecho romano. Y porque pertenecemos a esa Unión porque tenemos un pasaporte donde pone España.
Porque nos da igual si tu tatarabuelo ordeñaba vacas en el Pirineo, abría telares en Sabadell o se ciscaba en el señorito del cortijo en Jaén. Porque no nos diferencia si nuestro padre se ganó una paliza por hablar a un civil en catalán en la Rambla o si sudaba la gota gorda en un tren desde que salió de Badajoz esperando ver Sants cuanto antes.
Better together.
Porque en este maravilloso siglo nuevo no somos tanto de donde vivimos o de donde nacimos como de donde hemos estado. Porque gracias a internet ya no queremos ser el mejor de la región sino el mejor de nuestro linkedin, ya no aspiramos a que nos bese la más guapa del pueblo sino la más guapa del facebook.
Porque los problemas son más complejos que nunca y el futuro nunca fue tan incierto pero somos más poderosos, quizá no más valientes, pero sí más chulos, más abiertos, más flexibles y sabemos que no es mirando hacia dentro o hacia atrás como se arreglarán las cosas. Y es que la vida quizá la ves jodida pero nunca, nunca, es culpa del de fuera, del de otro color o de otra cultura ni del resto de España.
Porque queremos ser menos de nuestra comarca y más catalanes, menos catalanes y más españoles, menos españoles y más europeos. Una Europa que por fin anda de la mano, con su burocracia, sus circunloquios y sus líos, pero en paz y con ambiciones.
Porque cuando medio borracho en un bar de Seúl una chica me pregunta de dónde soy respondo que soy Europeo, de Barcelona. Cuando me lo preguntan en Ginebra digo que español, y cuando me lo preguntán en Madrid respondo que catalán.
Better together.
No te vayas de puente el 27. No te relajes, no pienses que es como las otras veces porque esta vez no lo es y ellos van a ir a votar todos.
Porque todos lloramos juntos cuando matarón a Miguel Ángel, porque esa bomba en la Meridiana nos mató a todos un poco y nadie preguntó si el dolor era catalán, vasco o andaluz. Dolió en toda España.
Porque lloramos juntos, de alegría esta vez, cuando esa flecha encendió el fuego olímpico en Montjuic, igual que lo hicimos cuando marcó un gol Iniesta y de golpe, cuatro siglos después, fuimos los amos del mundo.
Porque todos los catalanes somos españoles y el 27 tenemos que demostrarles que la inmensa mayoría de catalanes no queremos dejar de serlo.
Por nuestros padres que vinieron de lejos para trabajarse un futuro mejor, por nuestros padres que les recibieron y les enseñaron catalán.
Porque somos más y ahora es nuestro turno. Porque el futuro de Cataluña es el nuestro.
Better together.

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May 25, 2015

Un Avión

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Todo se jodió cuando alguien dijo por primera vez los que se han tenido que marchar. Cuando los que se quedaron empezaron a pensar que los que se habían ido a trabajar, a estudiar, fuera eran unos pobres héroes anónimos expulsados del paraíso ibérico por las maldades de ese monstruo de dos caras que es el mercado y la política. Cuando los de dentro lo proclamaron y los que estaban fuera se lo creyeron.
El españolito joven o no tan joven con una carrera o varias, que habla inglés y decide hacer las maletas para trabajar en el extranjero porque aquí no encuentra nada de lo suyo no es un héroe, es un fracasado. Un chaval que con todas las facilidades materiales que este siglo pone el estado en sus manos para acabar cualquier carrera que le plazca no tiene nadie que le contrate tras meses enviando currículums no es una víctima de la sociedad capitalista sino una persona libre que ha desaprovechado demasiadas veces la oportunidad de tomar la decisión correcta.
La libertad era esto, amigo mío. Y no tiene ningún mérito ni ninguna épica que ahora decidas tomar un avión a Zurich si me echas a mí la culpa del tener que hacerlo.
Dejé España hace 16 años acojonado, indocumentado y virgen, pero porque quise. Y como yo, lo hicieron tantos y tantos otros españoles a los que insultáis cada vez que habláis de la fuga de cerebros o de los exiliados. Insulto extensible a los que siendo igual de buenos e incluso mejores se quedaron y triunfaron.
Irse fuera es una experiencia maravillosa y difícil que al principio asusta, luego enseña, después curte y acaba enganchando. Vivir en un país distinto al propio te hace conocer tus límites con más objetividad y, si tienes suerte para deshacerte de ciertos prejuicios, te enseña ver con más claridad los de tu país. Nunca soy tan español como cuando estoy fuera de España. No la echo de menos, no me emociona suspiros de España ni tengo morriña por lo que dejé allí. Pero he estado ya en suficientes sitios como para aprender que donde hay un ciudadano del mundo hay un gilipollas y que el más cosmopolita de los expatriados hace el peor de los ridículos cuando intenta atenuar o disimular sus orígenes. Las grandes metrópolis del planeta están hechas de inmigrantes y no serían lo que son si al llegar cada cual hubiese renegado de sus raíces y su cultura.
Pero me desvío. Yo quería escribir de los que se han tenido que marchar y de cuánto me cabreo cada vez que oigo la frase. La perorata del que nunca ha salido de Móstoles explicando a su audiencia la heroicidad que hay en ésos que tuvieron que hacer las maletas. La cháchara del político que promete hacer todo lo posible por permitir mi vuelta, por meterme en un avión al aeropuerto donde mis compatriotas me recibirán con los brazos abiertos, como un héroe, orgullosos de mí y orgullosos de ellos mismos por haber al fin logrado construir una España digna de mi carrera y de mis aptitudes profesionales. Un sitio donde por fin podré firmar un contrato indefinido, una hipoteca y un abono al Plus.
A mí dejadme tranquilo.
La inmensa mayoría de los que nos ganamos la vida en el extranjero podríamos igualmente ganárnosla en nuestro país. Lo cual no siempre es cierto al revés. El paro es un enorme problema, pero un problema que afecta a los que no tuvieron la suerte que tuve yo, con una familia que no reñía al profesor cuando me suspendía y que me obligaba a aprender inglés antes de saber derivar. El paro no es un problema, o casi nunca lo es, para los que tuvimos la suerte de no oír los cantos de sirena del dinero fácil con 16 años, las licenciaturas vocacionales con 25 ni los doctorados regalados con 32. Podría haber triunfado o fracasado igual en Barcelona que en Ginebra y si decidí quedarme fuera era porque vivir en otro país es mucho mejor que en el propio, seas del país que seas. Con crisis o sin ella.
Si piensas que el motivo por el que estás subiendo al avión es que España no te merece y que otros países sí te valorarán como es debido, si te crees una víctima, mejor no te subas. En tu destino tu suerte seguirá siendo la misma. Solo que esta vez la hostia te la darán en un sitio donde seguramente hace más frío y llueve más.
Una vez decidí volver a España. Llevaba siete años en Suiza, estaba enamorado y a esa edad todavía pensaba que la juventud terminaba antes de lo que termina en realidad. Duré siete meses. Decidí volver a emigrar, aún enamorado, por dos razones, una mala y otra buena. La primera era que ya no reconocía a la Barcelona que había dejado más de un lustro atrás. Era la época de las peleas por el nuevo estatuto, la época en que el nacionalismo se quitó definitivamente la careta, la época en que los catalanes no catalanistas perdimos la inocencia para descubrir que en Cataluña ya éramos ciudadanos de segunda. Los posts más tristes y oscuros de este blog, ésos de los que menos orgulloso me siento, los que nunca releo, aunque no por ello me arrepienta de haberlos escrito, hablan de esos meses. Fueron también los días en que vimos nacer a Ciudadanos, qué imposible parecía entonces lo que vivimos ayer! Los meses en que dejé de ser culé para siempre. Los meses en que, en cierta manera y aunque me doliese entonces y aún me duela ahora, empecé a dejar de ser catalán.
Pero hubo también un motivo alegre por el que decidí irme, más íntimo y egocéntrico: echaba de menos ser extranjero, sentirme diferente, ser el exótico en una ciudad de indígenas. Extrañaba lo que solamente los que han vivido varios años en otro país entenderán: la sensación de estar en una comunidad sin pertenecer a ella. Con las ventajas e inconvenientes que conlleva, el poder pasar de puntillas sobre los asuntos del país que te acoge, problemas como sus elecciones, sus competiciones deportivas, sus asuntos públicos del día a día. Como el invitado en una fiesta que conoce lo suficiente al anfitrión para no sentirse fuera de lugar, pero no tanto como para tener que quedarse al final para ayudarle a fregar. Momentos difíciles cuando alguien te grita en una lengua que no entiendes, pero a los que compensan mil veces los otros en que alguien te susurra al oído cosas que comprendes aún menos pero maldita la falta que hace.
No nos tengáis pena, pero sobretodo, no te tengas pena. Tú, que estás a punto de subir a ese avión. Da las gracias porque naciste en un país que te dio un pasaporte con el que puedes irte a prácticamente cualquier lugar del mundo, porque eres libre de intentarlo, porque alguien (quizá tú mismo) te pagó el billete que tienes en la mano y porque la vida, cuando de poner distancia de por medio se trata, siempre es maravillosa, aunque muchas veces no lo parecerá, aunque los primeros días, lo sé muy bien, solo desearás volver y los primeros meses te preguntarás varias veces qué cojones haces en Shanghai con lo mal que se come y el frío que hace en enero. No te arrugues, no te des pena, y sobretodo no dejes que nadie sienta pena por ti. Mucho menos que ese alguien intente traerte de vuelta con la tribu, donde hace calor y hay comida decente. Eres un privilegiado, estás dando el primer paso y algún día, quizá mucho antes de lo que crees, te despertarás mientras alguien te susurra al oído cosas en una lengua que no entiendes pero que ya consideras tan propia como la tuya.
Y quizá ése sea el momento de volver a subirte a un avión.

Posted by antonio at 07:55 PM | Comments (0)

April 10, 2015

Un Desconocido

Habría sido demasiado masculino para mi gusto si no fuese por sus ojos.
Me había abierto la puerta del pequeño restaurante desde dentro antes de que yo llegase a tocarla, como si me estuviese esperando. Casi sin decir palabra, me había acompañado a una de las pocas mesas libres, al lado de la ventana que daba al castillo en ruinas y ahora yo podía sentir su mirada clavada en mi nuca, sin atreverme a girarme.
Una absurda norma que prohibía fotografiar los símbolos, entre jeroglíficos y masónicos, inscritos en algunos de los muros del castillo, me había hecho dejar Londres esa mañana para pasar aquel día de verano en la pequeña y campestre ciudad de Christchurch. No me apetecía nada al principio, pero me negaba a usar las malas reproducciones oficiales que había encontrado en la página web de la modesta oficina turística del condado, y un amigo del trabajo, que desde mi divorcio llevaba tiempo demasiado interesado por mí y mis aptitudes, profesionales o no, me había recomendado que por una vez usase mis más que aceptables dotes como dibujante y diese un toque artesanal a mi tesis doctoral, incorporando las misteriosas figuras dibujadas por mí misma.
Tras pagar las diez libras de la entrada y dejar mi viejo Nokia en la consigna, había pasado cerca de dos horas plasmando unas veinte figuras en mi libreta. Obviamente no eran ésos los dibujos finales que incorporaría a la memoria, pero serían más que suficiente una vez pasados a limpio en mi tranquila buhardilla en el Soho.
Tranquila. Ése era el adjetivo que menos reflejaba mi estado mientras comía la ensalada que unos minutos antes había pedido al otro camarero del local. Se había movido un poco y ahora podía verlo de reojo. Era tan exageradamente guapo que no sólo desentonaba con el provinciano local sino que parecía que lo habían traído de otra época. No dejaba de mirarme y yo, aunque jamás me había sentido tan incómoda, tan intimidada, no quería que dejase de hacerlo. Casi imperceptiblemente, empecé a temblar. No me atrevía a girarme y solo adivinaba su cara tranquila con una media sonrisa tímida en sus labios. Media sonrisa que yo en ese momento habría matado por ver en sus mil formas distintas: riendo abiertamente, gritando, pensativo, relajado, estresado, abriendo los ojos a mi lado con esa mirada segura que tienen los hombres inteligentes cuando se despiertan al lado de una mujer que les gusta.
No pude comer más, pedí la cuenta y, aún con un pequeño temblor en mi pecho y mis hombros que, gracias a Dios, estaba segura yo solo percibía, cogí mi libreta y mi bolso y me levanté para irme.
De nuevo no llegué a tocar el pomo de la puerta. De nuevo él estaba ahí, por fuera esta vez, esperándome para abrirla. Me dijo algo, imagino que despidiéndome, yo respondí lo que pude y, mientras su mano izquierda dejaba ir la puerta, me dio la derecha y me dijo su nombre.
No me había equivocado. Por la manera en que los otros camareros le trataban, había adivinado que era el dueño del restaurante y en estas pequeñas ciudades de la campiña inglesa, estos establecimientos acostumbran a ser la extensión de la casa del propietario. Casas pequeñas de dos plantas con pasillos estrechos como en el que por fin se había decidido a besarme. Pasillos que acaban en escaleras que acostumbran a conducir a diminutas habitaciones donde la cama se puede hacer demasiado pequeña para chicas que, como yo, llevan meses sin rodear con las piernas a un hombre.
Se dio cuenta desde el inicio de que tenía que ir con cuidado y no dejó de estar en tensión y atento a mis reacciones hasta que yo dejé de gritar, de arañarle y de morderle. Sus ojos aún miraban al techo mientras yo acariciaba, como sin querer, su hombro derecho, cuando caí en la cuenta. Casi avergonzándome de mi candidez y temiendo que él me viese como una primeriza, empecé a bajar mi mano izquierda acercándola a su vientre, mientras la derecha ascendía por su muslo. Antes de que llegase a su destino, él agarró mi mano, y con la misma sutileza con que la había cogido en la puerta del restaurante, se la llevó a los labios y la besó mientras me decía que sus empleados estarían esperándole para cerrar, que tenía que irse, pero que volvería pronto y yo podía quedarme y esperarle.
Se incorporó, me besó en el vientre, los pechos, la boca y se fue.
No le esperé, me vestí, cogí mis cosas y sintiéndole aún dentro de mí me fui hacia la estación, hacia Londres, hacia mi apartamento, hacia mi pequeña cama donde, sola esta vez, volvería a hacer el amor con él muchas veces más.
Como en la canción de Sabina, al verano siguiente volví y tras media hora en la calle acumulando valor, me acerqué a la puerta. Esta vez tuve que tirar yo de ella para poder entrar. Una diminuta anciana me contó que hacía unos meses el antiguo propietario había vendido el local a su hijo y lo único que sabía del dueño anterior es que se había mudado a Canarias. La mezcla de alivio y decepción sólo fue comparable a la de deseo y miedo que había sentido un año antes cuando, mientras me quitaba el jersey, me había dicho que quería despertarse a mi lado.
Nunca me desperté con él, y la historia la tenía casi olvidada hasta que hoy la he recordado mientras ese chico del trabajo, que por fin se ha dado por vencido y aceptado que yo soy mucho mejor amiga que novia, me contaba una historia similar sobre una modelo rubia de Tokio a la que no le importa dormirse a su lado pero que tampoco quiere despertarse con él.

Posted by antonio at 09:56 PM | Comments (0)

March 15, 2015

La Chinita

Su madre le había dicho que no a algo en la cafetería de la enorme estación de tren en una perdida y gris ciudad china. La niña tendría unos seis o siete años y lloraba de esa manera que solo he visto llorar a los niños asiáticos. De pie, estirada, con los pies muy jutos, las manos agarradas frente a su cuerpecillo y casi sin hacer ruido. Sería el cansancio tras dos semanas recorriendo Corea y China, o sería la soledad que solo los que se han visto a dos continentes de distancia de cualquier persona querida conocen, pero la imagen me impresionó.
China es un país duro. La gente en las ciudades es maleducada y ruda, el aire es irrespirable, los negocios se hacen a cara de perro, el tráfico es criminal, como cliente solo tienes derecho a gritar más alto que el vendedor o el camarero al que le importa una leche que vuelvas o no. No es desprecio por el extrajero, entre ellos se tratan aún peor. Es una sociedad egoísta, rápida, estresante y honesta. Una honestidad tan real que hace añorar la falsa modestia y agradable hipocresía con la que a uno le tratan en Japón y Corea.
Pese al lujo y orgulloso consumismo de Shanghai, puedes sentir la presencia del Partido mires donde mires, en la calle, en los bares, en el lento y censurado internet (hace un año había Google y porno, cuatro meses atrás desapareció Google, ahora ya no hay ni porno).
Una semana en China, sobretodo si se sale las occidentalizadas metrópolis, envejece lo que un año en Europa.
Por eso me conmovió esa chinita. Ya había acabado todas las reuniones y me disponía a coger el tren que me llevaría 300 kilómetros por hora de vuelta a Shanghai. Solo una noche más de bares en el French Concession y estaría de vuelta a casa. Y de golpe la vi ahí llorando.
La ternura es el más peligroso de los sentimientos, porque te ataca sin avisar y te hace hacer y decir cosas de las que luego te arrepientes. La niña lloraba mientras la madre le daba la espalda y yo me quedé con el bocadillo a medio camino de mi boca mientra la miraba. Ese llanto era puro chantaje, obviamente, pero como en todo niño que llora había también algo de desilusión. De promesas incumplidas y de frustración.
Me recordó a la niña que hace años amé y que una noche en que por mi culpa no podía dormir me gritó que quería que todo desapareciese y solo quedase ella frente al mar comiéndose un helado.
Me la imaginé en unos diez o quince años, cuando ya no tendrá derecho a llorar en público y deberá enfrentarse a una sociedad que con demasiada frecuencia hace llorar a sus mujeres.
A punto estuve de levantarme a darle un abrazo y comprarle lo que su madre le había negado. Lógicamente me quedé quieto, acabé de comer y pensé que quizá no, que quizá China empezaba a cambiar pronto, y que ella crecería encontrando a alguien que cuidaría de ella y nunca le dejaría volver a llorar, o mejor aún, que se volvía una mujer guapa, fuerte e independiente que no necesitaría llorar para que nadie le comprase pasteles en una cafetería de estaciones de tren, porque podría ella comprarse todos los que quisiese en cualquier lugar del mundo.

Posted by antonio at 12:23 PM | Comments (0)

November 16, 2014

Japanese Jet-lag

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Te ataca sin avisar cuando ya crees que estás curado y de golpe te ves ante twitter a las cuatro de la mañana contando las horas para meterte en la ducha. Aquí amanece temprano, muy temprano, haciendo que los finales de las juergas que se alargan más allá de las cuatro dejen un regusto de fría desolación mas volviendo mucho más agradables los amaneceres desvelado ante la ventana del hotel.
Quince hoteles en cinco semanas, sólo seis noches en casa y miles de anocheceres desde la ventanilla del avión, ventanales de habitación y ventanas de Shinkansen.
Decenas de charlas con desconocidas en bares que te hacen olvidar que estás en el otro lado del mundo; horas, días, frente al iphone atándote a las que están en tu lado; noches eufóricas de 'this is it', mañanas melancólicas de ´qué hago aquí´.
Hace unos días en una ciudad perdida en el centro de China una camarera rusa me dijo mientras desayunaba que parecía cansado, le respondí que de hecho lo estaba, había dormido las cuatro noches anteriores en cuatro países de tres continentes distintos.
Lucky you, me respondió.
Le sonreí y dejé de quejarme mientras me acababa el café. Sin duda nos movemos para estar lejos del hogar, lo que aún no he resuelto es si lo hacemos para huir de él o para encontrarlo.
Sexto año on the road.

Posted by antonio at 10:02 PM | Comments (0)

January 26, 2014

Yellow

Mi hermana pequeña acaba de curarse de un cáncer. Ya está. Ya lo ha hecho y ya lo he dicho.
La noticia, cuando llega, te paraliza intelectualmente, como cuando tocas sin querer la pantalla del iPad mientras ves una peli. Una pausa mental seguida de un empujón que te pone en movimiento hacia otro camino del que ya no sales hasta que el médico te anuncia que está curada.
Ella se ha curado y no hay nada más que hablar. Que cuente ella, si le apetece, el proceso, la incertidumbre, la tristeza, la rabia, el esfuerzo y la alegría. Que lo cuente si quiere, y si no tiene ganas, que no lo haga. Lo importante ya lo ha dicho sin abrir la boca demostrando estos cuatro últimos meses que es la mujer más fuerte que conocemos.
Yo quería escribir de otra cosa, de lo aprendido y de lo descubierto. De esa sensación impagable de no verte solo remando. Mis padres, mi otra hermana, ésos están ahí siempre, son parte de ti y cuentas con ellos como cuentas con que tus manos y tus brazos se moverán automáticamente sin tú pedírselo cuando tengas que parar un golpe. Son ese segundo círculo de protección, mis primas Sonia y Marian, mis hermanos Carlos y Óscar, mis segundos padres Charo y Miguel. La distancia ha sido menos difícil porque ellos estaban ahí reemplazando y mejorando todo lo que yo pueda hacer. Este grito va por ellos. El grito que pegué cuando una llamada de un miércoles a media mañana me dijo que ya está, que Rocío había ganado la guerra.
Soy creyente, y agradezco siempre que me acuerdo el que por ahora las complicaciones en mi vida me las he buscado yo solito y que el destino no me ha puesto las cosas nada difíciles hasta ahora. Sin embargo, no hay agradecimiento que justifique el sufrimiento de una hermana pequeña. Tuve que dejar la reunión en la que estaba a toda prisa y salir del edificio. No fue precisamente gracias lo que grité, sino cosas bastante menos sutiles que habrían comprometido seriamente mi carrera profesional si llego a soltarlas en esa sala de reuniones.
Y es que hay que insultar y cagarse en la puta más amenudo.
El cáncer no nos había enseñado a apreciar las cosas verdaderamente importantes de la vida, como dicen los cursis. El cáncer nos había enseñado a mi hermana y a mí que hay que luchar por cada detalle, que hay que ganar cada batalla por absurda y nimia que parezca. Lo hablamos al teléfono la noche que le dieron su primer diagnóstico positivo: la vida no consiste en intentar estar siempre en perfecto estado, sano, seguro y feliz. La vida consiste en esas cosas menos imporantes como ir al cine, escalar en el trabajo o emborracharte con desconocidos. Esas cosas que nunca salen en los índices de felicidad pero que serán las primeras que echemos de menos cuando ya no seamos tan fuertes e inteligentes como somos ahora.
Y es que hay que cagarse más en la puta, hay que insultar más al que se lo merece, criticar como si no tuviésemos nada que perder y ser muchísmo más chulos. Claro que muchas veces no tenemos razón, y claro que cuando pones la cara las probabilidades de que te la partan son mucho mayores que cuando te la cubres, pero es que no queda otra. Las cosas importantes quizás se consigan con prudencia, pero para las que valen la pena hay que jugarse los morros. Hay que dormir con todo tipo de mujeres y de hombres, hay que hablar sin levantar la mano, bajar la capota del coche aunque parezca que va a llover, comprar regalos caros a los amigos, llevar a las chicas a cenar donde den caviar y cabrear a tus padres de vez en cuando para disfrutar viendo cuánto siguen preocupándose por ti.
Salí a la calle, maldije, insulté, me cayó la primera lágrima en lustros y al darme la vuelta para volver a la reunión pensé mientras abría la puerta que el destino había intentado darnos en toda la boca y, tras esquivarle, la hostia se la habíamos dado nosotros.
Ven a por otra, cabrón.

Posted by antonio at 11:25 AM | Comments (0)

August 25, 2013

Skunk Anansie (Post Orgasmic Chill)

En el suelo nuestras piernas seguían entrelazadas, mientras su pelo cubría mi hombro izquierdo y nuestros jadeos sonaban como un eco de sus gritos minutos antes. Notábamos por primera vez la frialdad de parqué mientras sus juntas nos arañaban la espalda. Volvía la ternura a nuestros gestos tras el violento paréntesis de las embestidas, los manotazos, los mordiscos y las órdenes. Esa ternura con la que sus pies habían tocado mi costado desde el otro lado del sofá invitándome a dar un paso más. Paso que fue más bien un salto y que había acabado con nuestros cuerpos en el suelo del pequeño estudio. Y ahí seguíamos.
Con mis ojos muy abiertos mirando el techo, indefenso y frágil como sólo un hombre puede sentirse desnudo, boca arriba y con toda su energía ahora dentro de otro cuerpo. Un cuerpo que a mi lado temblaba ligeramente como réplicas de esos dos terremotos que en pocos segundos habían roto la paz de nuestros discretos vecinos. Ella con los ojos cerrados parecía mirar al mismo punto del techo que yo, mientras sus labios seguían entreabiertos, como esperando ser besados de nuevo, y su mano derecha acariciaba despreocupadamente mi hombro y mi pecho, como queriendo sanar las heridas que sus dientes y sus uñas acababan de abrir y que dejarían las cicatrices que aún llevo.
El sudor compartido empezaba a evaporarse y su respiración se iba calmando, sincronizándose con la mía y armonizándose con el susurro que nos llegaba del tocadiscos donde el disco de Skunk Anansie hacía tiempo que giraba por sus surcos mudos.
You´ll follow me down.
No sabía si era ella quién me había seguido a mí o había sido al revés, pero esos eran los últimos versos que recordaba de la canción. Antes de que el mundo se apagase y ella nos encendiese.
You´ll follow me down. Y ahora que ya habíamos llegado quedaba el levantarse, mirarse a los ojos de nuevo, hablarse sin estar dentro de ella, besarla en la boca en lugar de en su sexo, buscar la ropa, deshacerse del presevativo y volver al sofá.
La había seguido hasta aquí y sólo quedaba despedirnos. Al día siguiente nos reiríamos de las heridas: mis codos y rodillas destrozados por las rozaduras de la madera y su espalda, muslos y labios por las de mi piel y mi barba. Pero el día siguiente queda lejísimos cuando dos desconocidos acaban de verse desnudos por primera vez, descubierto sus sabores, sus limites, sus vicios y sus orgasmos. Aprendido en minutos cómo reaccionan sus pechos a mis besos, mi cuello a sus mordiscos, su clitoris a mis caricias o mi pene a sus mimos. Aprendido en segundos cuál es el ritmo y cuáles los gemidos y arañazos que señalan los caminos hacia su éxtasis.
You´ll follow me down.
Me incorporé y la besé en el vientre mientras ella, con dos dedos en mi barbilla, atraía mi cuerpo hacia sus labios, no sé si para mirarme a los ojos o para evitar sutilmente el inicio de otro incendio. Tan elegante como durante la cena pero desnuda esta vez, me besó suavemente mientras me decía que me quería y que se tenía que ir.
No volví a verla así. Jugamos a seducirnos dos o tres veces más pero nunca volvimos a hacer el amor en el suelo, y ella nunca volvió a tener dos orgasmos aplastada por mi cuerpo. Nos perdimos la pista y no nos echamos de menos. O quizá un poco hoy, cuando al abrir facebook he visto las fotos de su boda con aquel chico del que ella me contó una vez, en el mismo sofá, que llevaba meses cortejándola y que empezaba a gustarle.
Quizá la he echado un poco de menos y quizá por eso he buscado ese viejo LP entre mis vinilos.

Cause I dont want you
To forgive me
You´ll follow me down.
You´ll follow me down

Posted by antonio at 01:37 AM | Comments (0)

December 10, 2012

Mentiroso

Hoy me lo han llamado tres veces.
Queremos vivir nuestros sueños, tener vidas de leyenda, días deliciosos con noches pasionales e historias hermosas que contar a nuestros nietos cuando seamos abuelos. Decimos por ahí que queremos ser especiales, encontrar a esa persona única con la que todas las horas serán una aventura y cada amanecer la portada de un libro en blanco. Y sus besos el bolígrafo. Lo soñamos, lo pensamos, lo proclamamos... y luego nos vamos a Ikea.
O a la playa, o al monte, que lo mismo da.
No hay leyenda sin mentiras ni hay amor de cuento en el Ikea.
La historia más bonita, la relación más prometedora deja de ser legendaria en el momento en que una mañana de sábado alguno de los dos saca al otro de la cama porque hay que elegir unas cortinas, o decidir qué coche comprar o arreglar los estantes del trastero.
Puede haber amor y felicidad con rutinas mas no leyendas.
Así que no queda más que elegir: o vivimos el sueño o vivimos en la comodidad de los días planificados y las agencias de viaje. Pero los dos no se puede.
Me lo han llamado tres veces. Tres personas distintas. Personas a las que nunca mentí en lo esencial y si lo hice en los detalles fue para salvar la memoria de un sueño que en unos casos duró unas horas y en otros meses. Y lo volvería a hacer... ocultar la verdad para que perviva lo hermoso. Las horas que charlando frente una vela, abrazándonos en un sofá o callándonos bajo una sábana hicimos que todo volviese a cambiar para siempre. El amor en su estado más sencillo y original: preferir estar con ella que con cualquier otra, aunque solo sea por unas horas, por unos meses o por una vida. El sólido convencimiento sin pliegues de que quizá ella no es definitiva pero es única y que sus besos te hacen a ti especial y tan único como tú la estás haciendo a ella.
Sentimiento auténtico que no por desaparecer al amanecer o a los diez años deja de ser verdadero y a cuya sucesión gentes como yo le llamamos amor. Desengañémonos, es metafísicamente imposible sentir lo mismo por tu pareja en los postres de una cena en una terraza frente al Bósforo tras dos botellas de vino esperando la grappa que acabas de ordenar, que escogiendo un taburete alto en el Ikea. Para algunos el amor es ilusionarse por el taburete solo porque ella está a su lado eligiéndolo con ellos, para mí el amor es intentar que entre la grappa y la siguiente cena pase el menor tiempo posible, y el taburete lo escoja con otro.
Y no es que entre noches y terrazas me desenamore, es que no quiero que una silla con tres patas me joda el sabor que me ha dejado esa cena. Es que no hay placer alguno en hartarse a garbanzos mientras esperas a que te alcance para volver a comprar caviar. Al menos no lo hay para mí.
Y si no quieres comer garbanzos no te queda otra que tirar de alguna mentira esperando a poder volverle a ofrecer el caviar. Y ahí se complica el asunto, y ahí vienen los malentendidos.
Siete chicas siete han roto conmigo en tres años: una el día antes de exiliarme de Ginebra dejándome en la calle con lo puesto, un casco y mi moto, otra durante una noche en París antes de ver Madame Butterfly (la música que sonó en la radio despertándonos la primera vez que pasamos la noche juntos), la tercera tras dos años de amor en la distancia una nochevieja ginebrina donde de cruzar el año en el Kempinsky con ella (y caviar) pasé cruzándolo con champan caliente sobre un puente donde por poco me mato hace 7 años (por borracho). La cuarta me dejó porque mientras las mentiras que escribía en mi blog la enamoraban las que le decía por sms le hacían odiarme. Y así hasta siete.
Mentiras que tras crear el amor lo mandaron a la mierda.
Mentiras, leyendas, que hacen a los soñadores despertarse sin compañía pero que les empujan a levantarse de la cama para intentar volver a casa por la noche acompañados. Haciendo que todo vuelva a empezar.

Feliz 2013 y que la vida siga siendo una aventura.

Posted by antonio at 01:31 AM | Comments (0)

June 09, 2012

Están solas

A esta hora de la tarde deben andar recorriendo tiendas por el centro de cualquier ciudad, sin haber comido, recién salidas de la peluquería tres horas más tarde de lo esperado y con la visa en las últimas. Envidiando lo fácil que es para ellos el ducharse, ponerse los tejanos de ayer, los calzoncillos de hoy y la camisa que aún esperan llevar mañana sin que sospechechen lo que a ellas les cuesta que esos dos primeros besos en las mejillas les recuerden a dónde pueden llegar si mueven bien sus piezas. Alguno a lo sumo se afeitará y una minoría tendrá la decencia de rasurarse alguna parte de su cuerpo que no sea la cara. Partes que ni bajo tortura ellas aceptarían mostrar sin el estado en que acaba de dejarla esa aprendiz de Pol Pot del salón de belleza.
Lo conocieron hace una semana en internet, o quizá se los presentó una amiga, o es ese compañero de clase o de reuniones que tras dos años de miradas y cafés en los que a ellas ya solo les ha faltado hacerle el pino-puente en el pasillo para llamar su atención, por fin se ha decidido a invitarlas a algo más que a un café en la máquina de la oficina. O quizás, las mejores, no están recorriendo perfumerías y tiendas de accesorio en tiempo récord por ponerse guapas para una cita, sino para el chico que aún no conocen y esta noche les dirá ojos negros tienes.
Saben que tienen la ventaja de la última palabra, pero también su maldición. El rol social asignado de examinadoras pasivas, del esperar que el chico elija el sitio, la hora y el qué, sabiendo que todo será para que ellas decidan el fin. Ellas, que tan mal llevan lo de aceptar órdenes, lo de dejarse hacer, lo de ceder la soberanía sobre su tiempo libre a cualquiera que no sea ellas mismas, tendrán que adoptar durante unas horas la postura de la buena chica y cederle a él la iniciativa, conteniéndose en el peor de los casos las ganas de mandar al patán a su casa a decirle melonadas a otra o, en el mejor, cuando el chico de verdad sabe qué hilos tocar, qué cosas decir y, sobretodo, qué cosas callarse, aguantarse para no saltarle a la boca en cuanto él las mira durante más de dos segundos seguidos a los ojos.
Están solas.
Cuando él las recoja y tartamudeando les diga que está preciosa aunque ellas sepan que ese granito en la barbilla les está arruinando el maquillaje, o cuando él no se lo diga y las horas de carreras y ante el espejo se queden en nada. Cuando él no acierte con el restaurante y les haga sentir incómodas eligiendo en un menú con platos a todas luces por encima del poder adquisitivo del aspirante.
Estarán terriblemente solas cuando él clave sus ojos en ellas más tiempo del necesario o, aún peor, los clave en esas modelos que pasan por su lado y no han encontrado mejor lugar donde pasar la noche que el sitio donde los chicos maleducados llevan a las princesas en su primera cita.
Estarán solas cuando se levanten para ir al lavabo y sientan, todos lo hacemos, la mirada en su culo pensando por qué dejaron el body pump tres meses antes de lo necesario. Cuando se levanten y les toque decidir a ellas si la noche sigue o se acaba, cuando empiecen a caer esas barreras que él cree derribar aunque son ellas las que la desmonta y tras un beso en cualquier semáforo se despierten oyéndole respirar a su lado sin recordar exactamente qué pasó entre ese beso y su primer grito.
Son las otras valientes, ésas que no apartan la cara, o al menos no tras el tercer intento, y ante un chico que les gusta y que se ha ganado a pulso su confianza, deciden que quizá todo lo que nos contaron era mentira y que las buenas reputaciones y la honra no se defienden por la noche ante el despliegue de armamento pesado de un tío comme il faut, sino en el desayuno mirando a la cara al que hace solo unas horas no dejó rincón de su cuerpo sin besar.
La calle mojada por los manguerazos del los barrenderos al cerrar los bares, la última carrera juntos hacia su casa, el vacilar en el portal cuyo fin él tan bien supo precipitar haciendo que su mano cruzase por primera vez la frontera de su cinturón, el nervisosismo de él en casa, el amanecer en las ventanas, la última piedra de la barrera, las prisas, su lengua, sus halagos, su sabor y sus gritos.
Están solas.
Cuando tengan que volver a casa por la mañana con los tacones de anoche, una cierta vergüenza por haberse saltado las reglas del decoro y una enorme duda sobre si él llamará por la tarde aunque de hecho no estén seguras de querer que él les llame.
La mayoría no sabe que son precisamente ellas, las valientes que aún hacen lo que les apetece aunque luego se lo callen por el maldito qué dirán, las que hacen que esos chicos, que también están solos, sigan jugándose la cara cada sábado noche para intentar ser besados. Esos golfos en busca de su golfa que hartos de lidiar con amores burocráticos se han pasado a los canallas y están dispuestos a quemar las naves y lo que haga falta por amanecer con sus recién depiladas piernas rodeando sus caderas.

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May 06, 2012

Día de la madre

No me gustan los días de. Por dos razones principalmente: porque yo soy más de noches y porque no hay ningún día de mí. Ni día del ingeniero expatriado con ínfulas de escritor, ni del golfo venido a menos, ni del novio infiel o cornudo, ni del manirroto quebrado. Por no ser no soy ni fumador, con lo que el día de dejemos todos el tabaco tralará no me afecta y aún está por inventar el del adicto al whisky de malta de más de 16 años.
Vamos, que a la ONU, a la UNESCO o a quien decida esto de los días yo se la traigo bastante floja. Allá ella.
Pero me desvío. Hoy es el día de la madre, yo en mi coherencia he olvidado felicitar a la mía y en mi contradicción me dispongo a escribir un post en su honor.
Y pocas cosas son tan difíciles.
Como los peces el agua o nosotros el aire, la madre a los que tenemos mi suerte la hemos tenido ahí siempre. Los que encima nos hemos llevado siempre bien con ella la tenemos impregando absolutamente todos nuestros buenos recuerdos, por la sencilla razón de que ha sido siempre la primera en la que hemos pensado cuando algo bueno nos ha pasado. No es el cimiento sobre el que intentamos construir el edificio de nuestra vida, es la matemática que rige su construcción, es la fuerza de gravedad que lo mantiene recto y los enlaces atómicos que unen sus piezas. Es el marco que da forma a nuestros pensamientos y nuestra moral, aunque no pensemos como ella, aunque muchas veces lo que ella cree ser bueno para nosotros no coincida con lo que realmente es lo mejor.
Modela de tal manera nuestra vida que es difícil muchas veces darse cuenta de su importancia. A algunos, como a mí, nos ha costado décadas descubrir que su amor no le hacía las cosas más fáciles sino al revés.
Ha sido al ver los desvelos de mi mejor amiga tras nacer su primer hijo cuando he visto lo que significa de verdad ser madre, de su belleza pero sobretodo de su heroicidad. Viendo el miedo, la inseguridad, el desamparo y la soledad (desengañémonos, los padres en esos primeros meses servimos más bien de poco) de Esther en estos primeros meses de vida de Leonardo me he imaginado lo que tuvo que pasar mi madre cuando me tuvo a mí 10 años más joven que Esther y en una época donde las cosas eran mucho menos fáciles para una mujer trabajadora.
Mi cómplice vive hoy su primer día de la madre, y mi mamá su 36. Nadie me conoce como ellas y en nadie como en ellas se muestra el verdadero papel de las madres y las mujeres en nuestra vida.
Son heroínas mucho más inteligentes que nosotros que, como ya he dicho en este blog, no necesitan de días que las recuerden. Porque sin ellas ni habría días, ni habría civilización, ni habría nada que recordar.
Mi madre conoce mis vida íntima más por lo que le cuenta ginebraconhelio que por lo que le cuento yo, solo muestro mis sentimientos en internet y en la cama, pero ella sabe como pienso. Sabe que mi ego me la trae al pairo y que es en ella y en mi padre en quien mido mis triunfos, mis alegrías y mis orgullos. En que todo ha sido tan fácil porque los tenía a ellos detrás y que me puedo permitir ser un solitario porque sé que gracias a ellos nunca voy a estar solo.
Porque al principio lo hicimos absolutamente todo con ella y porque en ello seguimos, aunque sea lejos, aunque sea todo más complejo... seguimos buscando su aprobación en cada acto, seguimos escondiéndole las trastadas y seguimos queriéndola como cuando estábamos en la guardería. Aunque ya nunca le digamos te quiero ni nos la comamos a besos como cuando éramos enanos.
Quizá porque sabemos que ya lo sabe, o quizás porque nos hemos hecho mayores, o porque quizás sencillamente ya no haga falta y lo que ahora necesitamos sea darle las gracias.
Por hacer que nuestra vida siga siendo una aventura maravillosa.
Feliz día de la madre. A la mía, a las nuevas, a las futuras.

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April 30, 2012

Europa

Vuelvo de Liverpool y me pongo con youtube y el whisky. En Francia no se curra el primero de mayo y en ITER nos han dado puente porque nosotros lo valemos. Youtube va a la suya y yo a la mía con las noticias online. Por esa mala manía de seguir leyendos periódicos de la patria me vuelvo a encontrar con los pelmazos de siempre y sobre el cómo a mi patria chica le iría mucho mejor y sería prácticamente la Suiza del Mediterráneo si no fuese poque a un borbón cabrón se le ocurrió ganar la guerra de sucesión allá por el dieciocho y, apañándoselas con el espíritu no nato del caudillo, decidió que casi tres siglos más tarde todos los peajes catalanes serían de peaje, el lemosín perseguido por hordas integristas que apoyan el trilingüismo ante el sacrosanto romance de la patria, Lleida se diría Lérida y, sobretodo, que Madrid les robaría y expoliaría.
Y en esas andamos.
Y yo me prometí hace ya casi un lustro guardar mi ginebraconhelio para ensayos (de laboratorio, no de género) literarios, usarla para poder ir por el mundo diciendo que lo de ingeniero es una excusa para poder seguir pagando el dominio y a ver si alguna pica (que tampoco). Pero no sé lo que tendrán mis paisanos que siempre logran despertar a Mr Hyde y hacerme ensuciar esto con que, por ejemplo, esta tarde mi otrora admirado Sarko (otrora... ahora me parece un bluff más de lo que ronda por una Europa que sólo tiene de divertido ITER) no ha tenido mejor ocurrencia que dejarnos con el culo al aire a los liberales que un día le dimos la razón en lo de que Europa o salía de esto junta o no salía para venir a dar la razón a la pedorra de Le Pen y al palurdo de Salchichón (que no recuerdo como se llama y me da palo buscarlo) con que, ojito, Europa ha debilitado a las naciones.
Pues claro.
En eso consistía todo.
En que dejásemos de lado lo que nos ha llevado a matarnos varias veces en la historia y especialmente dos este siglo para poder tirar del carro juntos. La idea del estado-nación está muy bien cuando nos aleja de la tribu, pero en un mundo global donde nuestros contrincantes son continentes enteros hay que empezar a superar las fronteras geográficas.
Y esto a qué viene? A que mi otrora admirado Sarko (nunca había usado lo de otrora pero me mola) ha intentado hoy salvar los muebles ante la que le va a caer el domingo copiando, control C control V, el argumento que mis pelmazos patrios llevan usando desde hace años para separarse de España. Que Europa nos hace débiles, que fuera estaríamos mejor, que nos expolian...
Lo que más me enciende y, por qué no, me pone, es que los mismos que defienden ese argumento de que la unión hacie más débiles los provincianismos son los mismos que no dudarían en calificar a messieur le president de fascista.
Y es que no son nadie mis primos...
A ver si lo digo bien: es de paletos intelectuales intenter convencer al electorado, a los amigos del facebook o a los seguidores en twitter, de que los problemas financieros, laborales o morales de una región, país o barrio son culpa del de fuera, que nos controla, nos expolia o nos roba. Es de indigente político decir que el de al lado es el culplable de nuestros males y que si no fuese por esos fascistas que intentan unir a los pueblos todos conduciríamos deportivos y dormiríamos con modelos. Es el mismo argumento que se usó en Europa (no solo en Alemania) en los años 30, y es por desgracia el mismo argumento que hoy ha usado Sarko y que llevan usando los politicos que gobiernan mi patria chica desde los 70.
Yo aún creo que Cataluña fuera de España sería un lodazal, que España fuera de Europa sería un solar, y que Europa, metida como está en la mierda hasta el cuello, sigue siendo la mejor idea que hemos tenido por estas latitudes en siglos. Es por eso que me da pena ver a nuestros líderes usar unas tristes elecciones para arrastrarla por el fango.

Yo seguiré levantándome cada mañana contento porque en mi tarjeta de ITER pone EU donde nacionalidad y porque, pese a todo, la Historia nos enseña que los oportunistas y provincianos siempre acaban perdiendo. Messieur le President... go big, or go home.

Mañana prometo prometo que hablo de chicas.

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April 21, 2012

Están solos

Son los menos respetados de la cadena alimentaria aunque forman su base. En tardes como la de este sábado ya debe haber miles, millones, entrando en la ducha, reservando en restaurantes, eligiendo la camisa o comparando perfumes. Se habrán pasado la semana mandando emails, esemeses o I likes del facebook a esa chica que un día les respondió con un hola a uno de las decenas de de hellos, busys?, quétales, bonjours y privets que lanzaron a la red esperando que las leyes de la probabilidad rompiesen la aversión natural de las solteras a charlar con desconocidos.
Seguramente no fue hasta ayer o incluso hasta esta mañana cuando ella aceptó quedar para tomar algo en una cita que, gracias a las redes sociales, ya nunca será a ciegas pero en la que los nervios y la inquietud no disminuyen ni un ápice por más que él ya haya visto las fotos de sus últimas siete vacaciones, sus fiestas con las amigas y conozca a todas sus mascotas.
A su acuerdo para verse cara a cara habrá seguido una negociación discreta sobre el lugar y la hora. Si ella sabe comportarse llegará un pelín tarde y lo suficientemente arreglada como para que él, aún un desconocido, sienta el ligero orgullo que a todos los chicos nos produce el que una chica pase rato frente al espejo poniéndose guapa para nosotros, aunque no nos conozca. Si él es un tío comme il faut no la hará elegir el sitio, lo habrá previsto de antemano y lo pagará absolutamente todo sin vacilar.
Nadie hará series sobre ellos, si las hacen de hecho serán culebrones con tufos moralistas sobre ligones que siempre triunfan y donde el héroe al final acaba arrepintiéndose de haber sido un golfo toda su vida. La onu nunca les dedicará un día, ni habrá campañas en internet para apoyar su solitaria causa.
Están solos.
Enfrentados a una chica que en el mejor de los casos será simpática y comprensible con su sufrir y en el peor les tratará con desdén como echándole en cara que su objetivo, siempre hay un objetivo, sea llevárselas a la cama.
Están solos, frente a una mujer preciosa e inteligente contra la cual solo tienen las armas de su ingenio y su sonrisa. Están solos mientras le preguntan sobre su vida, mientras intentan hacerle reir, mientras le ayudan con el menú, mientras eligen el vino y mientras se levantan con esa ligera esperanza de que la velada no acabe ahí.
Estarán solos cuando la acompañen a la parada del autobús, o cuando le abran la puerta del taxi, cuando la dejen en casa y cuando ella les agarre el brazo.
Estarán solos al volver a casa preguntándose por qué no intentaron besarla, o por qué ella no les respondió ese mensaje que él le mandó a los cinco minutos de dejarla.
Estarán solos incluso cuando ella no aparte la cara cuando ellos quemen las naves acercándose a sus labios, cuando la convenzan de una última copa en su casa, cuando la desnuden e incluso cuando el sudar juntos derrumbe las últimas barreras que tan altas parecían en ese restaurante.
Estarán increíblemente solos hasta ese momento en que, por un motivo que él jamás acertará a saber, ella no diga que no y la descubran durmiendo a su lado. Haciendo que el recuerdo de todos los rechazos, las caminatas de regreso, las bordes de internet y los despertares solitarios se diluyan en esa sonrisa que les queda a las mujeres valientes tras hacer el amor con un desconocido.
Estáis solos, y nadie os echará un cable cuando tengáis que enfrentaros a sus ojos en unas horas, nadie os susurrará un tema al oído cuando la conversación languidezca ni nadie os dirá ´ahora!´ cuando dudéis sobre cuándo besarla. Las probabilidades de que sea la chica de vuestra vida son casi nulas y las de que saborees esta noche sus labios más bien pequeñas...
Te quedan pocos amigos solteros y te preguntas qué leches haces siguiendo la misma rutina cada sábado, como si estar al cien por cien durante la semana en el curro no fuese ya suficiente y te planteas que ya va siendo hora de que los despertares del domingo no dependan de tu cochina suerte del sábado. Pero es lo que hay colega y no te queda otra que seguir saliendo a que te partan la cara, porque ellas siguen adorando partírnosla y sobretodo porque a veces, cuando no sé qué astros se alinean, alguna decide además besárnosla.

Suerte compañero, que te diviertas, que ella bese con los ojos cerrados y que desnuda sea tan hermosa como te la imaginas.

Posted by antonio at 07:19 PM | Comments (0)

February 20, 2012

Dignas razones para que a uno le partan la cara

Me enseñaron que tenía que hacer de mi vida algo maravilloso. Que no habría sitio para las quejas, los lamentos o las excusas. Que no llegaría a ningún sitio esperando a que otros lo hiciesen por mí. Que era un afortunado por vivir donde vivía, con quién vivía y como vivía, sin excesos pero sin estrecheces. Que ellos pondrían las condiciones pero el esfuerzo, la voluntad y los sueños dependían de mí y que no aceptarían que no luchase por todo lo que podía alcanzar.
Me enseñaron que no era el dinero, los honores o los premios los que me harían sonreir al meterme en la cama cada noche, que ninguna fortuna es comparable a esa íntima sensación de saber que se está haciendo algo bueno y que, salga bien o no, al menos nos estamos dejando los cuernos y en muchos casos los morros. La tranquilidad intelectual de saber que no debemos nada a nadie mas que a los que nos quieren y nunca nos van a pedir cuentas.
Me enseñaron que el mundo no se cambia con quejas, con gritos o con violencia. Que la revolución se hace leyendo, estudiando y hablando. Que los gritos y la masa son las herramientas de los malvados para controlar a los estúpidos y que aunque fuera del campamento a veces hace frío y llueve, vale más la soledad que el aliento de la fácil compañía. Que la única manera digna de que te partan la cara es por una mujer y en solitario.
Mientras otros instruian a los suyos en las bondades de ahorrar, comprar un piso, invertir y estabilizarse, ellos me enseñaron a tomarme el planeta como mi patio de juegos, a ser valiente, a no conformarme y a recordar siempre que la vida se acaba y solo nos llevamos al otro lado la satisfacción de lo que creamos e hicimos sentir.
Gracias a lo que me enseñaron he trabajado en las fantasías que soñaba de pequeño, y no lo he hecho nada mal, he vivido en los castillos que quise conquistar en mis lecturas y he besado a las princesas que fantaseé con enamorar algún día. Sin absolutamente más ayuda que sus consejos, su cariño, su apoyo y su insistencia. Exactamente las mismas condiciones de esos compañeros míos que cuando yo y mi cómplice, y otros tantos que hoy respeto y quiero, quemábamos las naves y nos lanzábamos a solitarias noches, tenebrosos exámenes y oscuros países sin más compañía que la de un par de libros y nuestros santos cojones, ellos nos hablaban de las noches de chicas, compadres, pisos nuevos y sueldos eternos.
Se acabó la fiesta y hoy arden las calles en manos de los que no tuvieron la suerte de que alguien les enseñara lo que ellos me enseñaron a mí. De los que se creen que el futuro es un derecho y no una conquista, la felicidad una exigencia y no un fin. De los que se creían que aquí había barra libre, sin darse cuenta de que la humanidad no mejora a golpe de grito, eslogan o sentada, sino gracias a que algunos aún enseñan a sus hijos que solo con esfuerzo y honestidad se hace mejor la vida de uno mismo y, sobretodo, la del que no tiene nuestra suerte.
Me enseñaron mis padres que el progreso y la justicia no se gana en la calle enfundados en pasamontañas y a gritos sino en las bibliotecas, a cara descubierta y en la mayor parte de los casos sin tan siquiera separar los labios. Que los gritos y revolcones mejor en la cama, con menos público y mejores fines.

Posted by antonio at 11:16 PM | Comments (0)

February 05, 2012

Leonardo

Mi cómplice y su marido no me dejan poner fotos de él en Facebook, así que no me queda otra que ponerlo por escrito. Y como en ginebraconhelio no me controla ni los que han metido en chirona al gordito aquél de los megauploads, me puedo desahogar.
Total para explicar que cuando le miro se me derrumban muchas de las ideas con las que me muevo por el planeta. Me salí de la vida que se espera de un ingeniero en la treintena a los pocos meses de entrar en ésta por culpa de una mujer que me quería siempre que fuese lejos y de muchas otras que me querían de mucho más cerca pero sin darme lo que me daba la lejana. Y cuando unas empezaron a dármelo yo ya me había vuelto a ir lejos. Y de yoyó sigo.
Hasta hace cosa de medio año ese ir y venir, ese entrar y salir, me servía de analgésico de la inestabilidad, del despertar acompañado los domingos y solitario los miércoles. Del que nadie dependiese de mis tonterías y, sobretodo, de que mis sueños de adolescente dejasen de joderme los orgasmos de juventud.
Leonardo me recuerda a esa manera de soñar, o de escaparse, que viene a ser lo mismo. Esa inconsciencia que se instala en los que sabemos que hagamos lo que hagamos siempre tendremos a alquien que nos pare la caída, que nos bese las heridas cuando de tanto tensar la cuerda ésta se cabe rompiendo y con ella nuestro día a día se vaya a tomar por saco.
Esos pocos afortunados como Leonardo, como yo, que podemos ir por la vida haciendo piruetas y riéndonos de nuestra suerte sabiendo que al final todo va a salir bien, que no hay que preocuparse de que mañana todo se vaya a la mierda.
Porque, pese a que seguramente no nos lo merecemos, tenemos a la mejor mamá del mundo.

Posted by antonio at 02:41 AM | Comments (0)

January 13, 2012

La carta

Le respondió por carta. A sus silencios, a su súbito dejar de mandar mensajes, al apagón del facebook y la desaparición en skype. Cuando la red se apaga solo quedan los papeles, un bolígrafo y unos sellos. Con un estilo rápido, palabras dulces y trasfondo triste le explicaba lo que las redes sociales ya no podían contarle. ¿Qué ocurre cuando esas princesas de miércoles o esos príncipes de jueves que solo vimos tres o cuatro veces pero con los que pasamos horas, días, semanas discutiendo, jugando, soñando y flirteando en internet, dicen adiós muy buenas, se casan, se enferman o algo peor les pasa que evita que puedan volver a conectarse? ¿A dónde van a parar las amistades, los amantes o los amores con los que no hay más amistad común, más realidad compartida fuera del mundo virtual que unos cafés, unos anocheceres y unos orgasmos, cuando uno de los dos se desconecta?
Sólo quedan las cartas.
Las frases en letra redonda y grande escritas por las manos de la misma manera que suspiran los labios, que lloran los ojos, como sin querer pero sin evitarlo. Los párrafos que recuerdan un pasado lejano y saborean uno cercano sin pedir nada para mañana. Las páginas que se leen aún más lentamente de lo que se escribieron pero saltando las palabras y mirando de reojo unas líneas más abajo como si la mente protegiese de antemano lo que sabe que el corazón no será capaz de leer sin afligirse.
Ella le respondió por carta, y él la tuvo que leer tres veces para que su inteligencia dejase a su alma enterarse de todo lo que ella quería decirle. Recordarle esas noches de viernes en que estaba casi todo por escribir y la aventura esperaba a pocos metros, o a pocos whiskies de su portal, esos anocheceres fríos en que no había piernas suficientemente largas para hacerle ignorar los brazos que amanecían rodeando su cuello. En que no había lamentos pasados que pudiesen con placeres presentes, desnudos intuidos o caricias soñadas.
Le respondió por carta y le contó que extrañaba la sorpresa de los mercados, las siestas, el trabajo, los libros, las ventanas, los orgasmos, los mensajes.
Los mensajes. Ésas miradas virtuales que, como las reales, habíamos aprendido a interpretar y a leer en ellas lo que casi nadie ve... una coma, un final, un deseo, una desilusión. Mensajes que ella había sustituido por una carta y que él había leído tres veces pensando que quizás sí que valía la pena tener historias tristes por las que llorar, si hacían que una chica guapa e inteligente dejase por unos minutos sus estreses diarios a un lado para escribir a un ingeniero con pretensiones de escritor que le encantaría poder verle pronto.

Posted by antonio at 10:56 PM | Comments (0)

January 03, 2012

El Refugio de la Memoria

Se acabó 2011, murió Tony Judt y yo me leo su último libro que es mi primero. Una recopilación de los pensamientos que le entretuvieron los últimos meses de su vida durante las largas noches en vela sin poder mover más que los labios por culpa de su fulminante enfermedad nerviosa.
Dos docenas de cortos capítulos sobre la vida recordada de un hombre del Siglo XX: judío de izquierdas, culto, agnóstico, neoyorquino de adopción, británico de nacimiento y suizo de corazón. Cosmopolita sin más patria que su historia, sus manías y sus recuerdos. Basado en la crítica descarnada a los suyos, ya sean sus compatriotas, sus colegas o sus correlegionarios, el libro es un himno al individuo frente a las tribus ideológicas, geográficas y religiosas.
Es una oda a la inteligencia.
Un reflejo de la fortaleza y profundidad de un hombre que desde el infierno de la parálisis física y la muerte inminente es capaz de dictar las más dulces frases sobre su infancia, sus mujeres, sus ciudades y sus anhelos. Se me queda grabado al cerrar la última página sus palabras sobre lo importante que es no dejar que nuestro origen determine nuestras elecciones, lo absurdo de no elegir el país donde queremos vivir ni la ciudad a la que queremos llamar hogar, lo estúpido de pensar como los que nos rodean o, aún peor, permitir que lo que nos rodea determine lo que pensamos. Sin recurrir a la gilipollez de 'ciudadano del mundo' destripa cualquier defensa teórica del nacionalismo, que no es más que paletismo envuelto en una bandera. O en una lengua.
Es un libro para los que no nos gusta viajar pero odiamos dormir dos semanas seguidas en el mismo país. Un libro de un hombre inteligente que en las últimas semanas de su vida, consciente de ello, nos explica que tan absurdo es vivir toda la vida en el lugar donde naciste como intentar abarcar todo el planeta en los pocos años que dura esta juerga. Unas memorias que nos cuentan que hay que mirar, pensar, elegir y una vez seamos felices, volver a mirar, volver a pensar... y volver a hacer la maleta.
Se me puso la piel de gallina anoche a las dos de la mañana mientras leía en la cama las últimas líneas del capítulo donde hace trizas la puñetera necesidad de mis primos a defender identidades a obligarte a posicionarte, al nosotros y el resto: "En este espléndido Siglo Nuevo, echaremos de menos a los tolerantes, a los de los márgenes: a la gente fronteriza. Mi gente".
El último capítulo habla de Suiza. Del amor por un país en el que nunca vivió pero en el que siempre estuvo a gusto. El recuerdo perfecto de ciudades como la que dan nombre a este blog donde el que nunca pase nade hace que las personas inteligentes puedan olvidarse de lo que les rodea y preocuparse en ser felices con lo único que encontramos siempre allá donde vayamos: nuestros sueños y los de bastantes compadres con la misma intención.
Me ha enseñado a conocerme mejor, a mí y a muchas personas que quiero, chicas que amo y mujeres que olvidé. Me ha enseñado, otra vez, que pese a lo que digo más abajo este guateque tarde o temprano se acaba y lo único que nos llevamos a ese sitio donde vamos los golfos buenos es el recuerdo de lo que algún día deseamos y la satisfacción de que, aunque algunas veces lo conseguimos y otras no, la mayoría de noches nos metimos en la cama con una sonrisa en los labios porque, pese a todo, nos lo estábamos pasando de miedo.

Que siga. Feliz año nuevo.

Posted by antonio at 10:52 PM | Comments (0)

November 18, 2011

El día que nos fuimos a la mierda

Nueve de la mañana, tren a Bruselas, me descargo los periódicos en el ipad y se me erizan los pelos de la nuca, no por los inmisericordes dos grados del amanecer Aixois sino por los titulares sobre la patria y sus finanzas. Hace unos quince minutos hablé con mis padres por teléfono para explicarles mis planes de pasar unos días en España la semana próxima, pero mientras subo al tren me pregunto si quedará una España a la que volver por entonces. Empieza a no parecerme una locura el que al pasar los Pirineos no me encuentre más que un solar.

Mientras me paseo, o más bien me arrastro, por los titulares me sigue sorprendiendo cómo la mayoría de mis paisanos (en esto por desgracia tampoco somos originales) sigue echando la culpa del carajal en el que nos hemos metido a los malvados mercados, los villanos de Wall Street y el neoliberalismo salvaje. La gente por lo general de política entendemos poco, de economía aún menos, pero nos agarramos como posesos a cualquier teoría que logre echar la culpa a los otros evitándonos así mirar a nuestros gobernantes ya que, al fin y al cabo, ellos están ahí porque nosotros los hemos puesto.

Los más borricos, no contentos con tachar de malvado a nuestro modelo económico, se lanzan directamente a por nuestro modelo político y en nombre de una brumosa democracia real se lanzan a atacar la democracia sin más. La estrategia (por llamarla de algún modo) es muy fácil: intentar echar la culpa al sistema de los errores que nosotros mismos hemos cometido. Nosotros entendido no como país, que también, sino como personas libres a las que nadie nos obligó a comprar casas que no podíamos permitirnos, meternos en créditos millonarios sin tan siquiera preguntarnos qué carajo es el interés compuesto o irnos de vacaciones a sitios de ensueño, porque ´nosotros también teníamos derecho´. El problema llegó cuando alguien dejó de aflojar la guita y vino el momento de pagar lo que debíamos.

Los bancos no son inocentes y yo mismo acostumbro a cagarme en sus muertos más frescos cada vez que tengo que interaccionar con cualquiera de las cinco entidades en las que guardo mi deuda (la situación financiera de Grecia es de un orden helvético comparada con la mía), y me parece obsceno que cualquier gobierno use el dinero de mis impuestos para salvarlos. Pero eso no me exime a mí de pagar lo que les debo. Y, honestamente, cuando veo a estos indignados de clase (alta) quejarse de la democracia, el liberalismo y los bancos, no puedo evitar pensar que lo que de verdad quieren es que alguien les cancele la hipoteca, y seguir viviendo como señoritos pero sin esa jodida mordida que cada mes les pega al presupuesto la dichosa mensualidad de su pisito de nuevo rico. Todo muy español.

Me sorprende (o no) que un país que nadaba en la abundancia no dudó en echarse a la calle a gritar contra el gobierno cuando se hundió un barco o una treintena de países decidió atacar a un dictador a miles de quilómetros de aquí, ha cambiado completamente el objeto de sus iras cuando lo que se a hundido son las finanzas de millones de familas, los jóvenes se han tenido que empezar a ir y el dictador atacado no estaba donde cristo dio las voces sino a un tiro de piedra de Almería. El malo de antes era Aznar, pero ahora son los mercados, lo horroroso era el PP y resulta que ahora lo es la democracia o, como les gusta decir, la democracia del capitalismo liberal.

En este protosolar que habitan mis paisanos lo que ha habido es un tío gastándose con sus cuates lo que no teníamos, hipotecando a los taranietos para poder salir por la tele diciendo que gracias a él esto era jauja y hasta el más tonto iba a hacer relojes. Un día los que nos daban dinero empezaron a escamarse y a pensárselo dos veces antes de seguir soltando viruta y se acabó la fiesta. En un primer momento, los españoles en vez de echarlo a gorrazos nos dedicamos a echar la culpa a los especuladores, que deben ser unos tipos malísimos pero que resulta son los mismos que nos habían dejado el dinero antes. Luego fue la crisis internacional, luego unos tal hermanos Leman, y al final el dichoso capitalismo neoliberal. De que quizá se nos fue la mano y que mantuvimos en el poder a un manirroto no decimos nada. Y ahora, cuando por fin parece que nos espabilamos resulta que va a ser tarde porque nuestros socios de esa Europa a cuyo corazón íbamos a volver y que poco nos ha faltado para cargárnola a taquicardias, nos han dicho que hasta aquí. Que ni neoliberalismo ni leches, que lo que somos es unos torpes de mucho cuidado, y encima lloricas.

Junto con internet, los condones y el jamón serrano, el capitalismo liberal el mejor invento de la Humanidad. En contra de lo que dicen estos voceros indignaos, el liberalismo (no sé por qué leches le llaman neo, quizás porque vienen de descubrirlo) no se basa en que cada cual haga lo que le salga del pito intentando enriquecerse sin importarle joder al de al lado. Si bien es verdad que la ambición es una de las bases de este modelo (en palabras de Adam Smith: no es la bondad del carnicero lo que me permite comer carne sino sus ganas de ganar dinero) es absolutamente falso que sea la única. El liberalismo se basa en la existencia de unas leyes y en la seguridad de su cumplimiento gracias a un estado fuerte, justo e imparcial. Si comparamos los modelos económicos con un partido de fútbol en el que el árbitro fuese Estado y los jugadores las empresas y los ciudadanos, los modelos socialistas se basarían en unos equipos que compiten siguiendo unas reglas mientras que el árbitro juzga y con frecuencia pega patadas al balón, interfiriendo todo lo que puede en el juego; el modelo comunista iría más allá haciendo que el árbitro no solo haga de árbitro y pegue patadas al balón sino que además haga de entrenador de los dos equipos a la vez, y de vez en cuando, por eso de la pureza del juego, pegue un tiro a los jugadores díscolos que no hacen caso de todo lo que se le ordena, por el mismo árbitro, desde la banda; los anarquistas molan más: éstos directamente juegan sin árbitro y por lo general con más equipos que jugadores hay en la cancha. En el modelo que defendemos los liberales, los jugadores juegan, el árbitro arbitra según las leyes votadas por los jugadores y ni en sueños se le ocurre tocar la pelota, intervenir en el juego o decir a los jugadores lo que tienen que hacer. Solo en contadas ocasiones, cuando un jugador se lesiona y claramente no puede seguir compitiendo, el árbitro le saca del juego y hace que alguien se haga cargo de él.

Esta claro que este último modelo requiere de jugadores sensatos que respeten la autoridad del árbitro pero no esperen nada de éste más que el cumplimiento de las reglas por parte del contrario y no, como veo que les gustaría a muchos de los que ayer se fueron a hacer pintadas al Congreso, que les diga como meter el gol más fácil e incluso si es posible lo meta él por ellos, mientras se fuman un pitillo en la banda esperando que la rubia de la bandera les invite al siguiente, que ésa es otra....

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October 06, 2011

Dream big

No me olvido. No recuerdo el año pero acabaría de comenzar el siglo y paseando por el FNAC de Ginebra en una de esas largas comidas con mi cómplice lo vi por primera vez. Mis sueldo era bastante más bajo pero mis finanzas eran tan horrorosas como ahora, así que lo vi, lo toqué, pero ni pensé en comprarlo. Nunca tuve uno, pero recuerdo perfectamente la sonrisa de Esther, e imagino que la mía, al verlo mientras casi nadie le hacía caso. Era como un verso suelto entre los prosaicos emepetrés... era la primera versión del iPod y ya nada volvió a ser lo mismo.
Yo aún no tenía ni móvil. Tuve uno en el 99 pero se rompió a los dos meses y me emperré en no renovarlo hasta que descubrí que sin móvil no había ligues, y empecé a cargar con tres. Pero eso es otra historia.
He tenido el nano, el mini, el shuffle, el iPad, el Air... Soy uno de esos pocos que, de nuevo gracias a Esther, tiene hasta el AppleTV, que nadie entiende, pero es una gozada. No tengo el iPhone porque me da por saco escribir eseme eses tocando la pantalla, pero todo llegará.
El ingeniero que soy admira google y cómo una idea y mucha inteligencia puede hacer más fácil e interesante la vida de nuestra especie, pero el esteta que me asoma de vez en cuando no puede más que rendirse ante lo que Apple nos ha dado.
Llevo años pensándolo y procuro no decirlo demasiado en público para que no me tomen por loco y se me acabe el chollo, pero creo a pies juntillas que si llego a los 65 ya no me muero. O si más no, me muero con tres o cuatro siglos a cuestas.
Estoy plenamente convencido de que la generación del naranjito y la bola de cristal tuvimos la mala fortuna de ser los últimos de una especie: una especie en que la gente llega a viejo y se muere. La ciencia avanza de manera exponencial, y en pocas décadas sabremos suficiente sobre nosotros y sobre el universo que estaremos en condiciones de ganar la última batalla. Iremos cascando, sí, pero ya no será por viejos o por enfermedad, será solo porque si dejas pasar suficiente tiempo, a todos acaba pasándonos por encima un coche o cayéndosenos una cornisa en el coco.
Los bebés nacidos hoy vivirán siglos, se mantendrán sanos y fuertes, no se les caerá el pelo y la viagra hará el resto... a nosotros nos toca cuidarnos y esperar a que cuando llegue el 2040, haya habido suficientes genios como Steve Jobs que, usando su inteligencia y valentía, hagan realidad nuestros sueños.

Hoy mi iPad parece un poquito más triste.

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September 23, 2011

El CERN, los neutrinos y los chulos

Un colega del CERN me comentó una vez que si, tras inventar la web, el CERN hubiese decidido cobrar un céntimo de dolar a cada empresa que usa internet ahora tendríamos dinero suficiente para hacer todos los aceleradores que quisiésemos. Y encima iríamos a la cantina en Ferraris. ¿Por qué no lo hicimos?, pregunté yo, ´Porque somos así de chulos´ me respondió.
Esta mañana a las seis me meto en un tren suizo y camino de Marsella entre legañas vislumbro en el ipad que mis ya excolegas se han dado de bruces con partículas que violan nada menos que la teoría de la relatividad de Einstein... o que parecen violarla...
Toda la chulería del cernero más vacilas se evapora cuando se le menta a los grandes: puede tratar a los chicos del valle de la silicona como una panda de nerds despistados aunque cuenten sus sueldos en billones, se llamen Jobs, Gates o Zuckerman, pero cuando se habla de Einstein, Plank o Heissemberg baja la mirada y se torna de un modesto monacal.
Otro colega me contó en otra ocasión que no había que desanimarse si una buena teoría contradecía resultados experimentales, seguramente habría algo incorrecto en el experimento, sin embargo, cuando una teoría, por buena que parezca, contradice la segunda ley de la termodinámica, lo mejor que se puede hacer es cerrar el chiringo y empezar de nuevo.
Algo similar ocurre cuando un experimento te viene a contradecir la teoría de la relatividad especial. Algo tiene que estar mal. Y esto es precisamente lo que les está pasando en este momento a mis excolegas cerneros.
Trabajé como operador del pequeño acelerador que manda neutrinos a Roma durante unos meses y algo aprendí. Dos aclaraciones rápidas para mucho despistao que ya veo por la red: 1. el acelerador del CERN que crea esos neutrinos no es el famoso LHC del que tanto hablo en este blog, es de hecho uno de sus inyectores: el SPS que lleva funcionando desde los años 70 y entre inyección e inyección se entretiene enviando partículas a otra zona del CERN donde se crean los neutrinos que hoy están revolucionando la física, y 2. los neutrinos se crean en el CERN en Ginebra y se lanzan hacia un detector situado a las afueras de Roma. No es que haya un túnel de 700 kms por el que se envíen, es que los neutrinos se mandan literalmente a través de la corteza terrestre. Salen por el otro lado y un pequeño detector en Gran Sasso los cuenta de nuevo.
No tengo suficiente sitio aquí para explicarlo, pero los neutrinos no son nuevos, hace décadas que jugamos con ellos. El problema es que son partículas sin carga y casi sin masa, no interaccionan con nada (si mandamos un neutrino contra un bloque de plomo, el espesor necesario para tener un 50% de probabilidades de pararlo es del tamaño del sistema solar), y por eso necesitamos meter casi mil quilómetros de tierra de por medio para lograr frenar alguno de los miles de millones que genera a diarion el CERN.
Lo que estos prudentes cerneros han encontrado es que tras contar el tiempo que los neutrinos tardan en llegar a Roma éste ha resultado ser menor que el que tardaría la luz, o sea que van más rápido, y la teoría más famosa de Eisntein dice que eso no puede ser. De hecho no dice que no se pueda, lo que dice es que la velocidad de la luz no se puede franquear: lo que va más lento que la luz irá siempre más lento y lo que va más rápido (si hay algo) siempre irá más rápido. La velocidad de la luz no es un límite sino una barrera entre dos mundos: el nuestro, en el que las cosas se mueven lentas, y otro en el que las cosas se mueven más rápido. Con lo que nos acabamos de dar de bruces es con unas partículas de este mundo que parecen tambien coquetear con el otro. Las partículas que viajan más rápido que la luz pueden, en teoría, viajar hacia atrás en el tiempo. Con lo que un radioaficionado que usase esos neutrinos para mandar mensajes se encontraría con que llegan a su receptor antes de que sean enviados. Poniéndonos optimistas, dichas partículas permitirían a una persona hablar con ella misma cuando era un niño, ¿una locura? pues sí, por eso no creíamos que existiesen. Y por eso la excitación. Y todo con un presupuesto que no es superior a lo que nos costó a los españoles salvar una sola de nuestras ruinosas cajas el año pasado (pero ése es otro tema).
No sigo, que no soy experto, pero dejo una reflexión: me pasé años respondiendo a la pregunta de para qué servía el CERN. Hay muchas respuestas: los avances tecnológicos a largo plazo (el control del mundo subatómico, la electrónica, las comunicaciones, los viajes espacio temporales,...), los avances a corto (la web se creó en el CERN y mirad ahora...), la prosperidad de las colaboraciones internacionales, la paz...
pero hay un motivo por encima de todo esto... hoy la Humanidad (la que lee los periódicos, la que se interesa por lo que pasa en el mundo más allá de cotilleos, el fútbol y demás cosas aburridísimas) ha dejado por un momento de mirar a la prima de riesgo, Wall Street y lo que dice Bernanke, para girar de nuevo la vista hacia Ginebra y ver lo que unos científicos le explican sobre un experimento que nos hace ver la realidad de una manera distinta a como la veíamos ayer.
Hoy tenemos más dudas que anoche, y quizá haya que reformular centenares de teorías, o quizá no, pero hoy volvemos a sentir lo que debió pensar esa especie de mono que un día alzó la vista al cielo y se maravilló por lo que vio. Hoy somos un poquito más humanos, y seguramente hoy nuestra especie vale un poquito más la pena.

...

Por mi parte, siento un orgullo enorme de haber pasado una década trasteando por esa catedral de nuestra época que es el CERN y al mismo tiempo una ligera melancolía por no poder estar brindando con mis antiguos amigos esta tarde. Magníficos profesionales que tras tres años muy duros, se merecían por fin algo así. Representan lo mejor de nuestra civilización. Ahora a por el Higgs y el Nobel...

Posted by antonio at 02:47 PM | Comments (0)

September 09, 2011

Barcelona

Yo soy yo y mis contradicciones.
Tras una semana rajando en facebook y ginebraconhelio sobre mi patria chica el trabajo me mete en un avión a Barcelona y me sumerjo de nuevo en la trampa de humedad que por más que vuelvo siempre me sorprende nada más abrirse el finger en El Prat. Estoy bañado en sudor antes de pasar el control de pasaportes y en la parada de la nueva terminal me pregunto si es que siempre me recoge el mismo cabrón o es que no hay un puto taxi en Barcelona al que le funcione el aire acondicionado.
Es un viaje relámpago y no tengo tiempo de ir hasta Mataró a dormir, así que reservo un hotel en Barcelona, normalmente intento que sea de cuatro o cinco estrellas (mis jefes me cuidan y yo tampoco soy gilipollas), por lo general son buenos y rara vez me han decepcionado, pero esta vez es diferente. Luego sigo.
Tras un par de horas con mi cómplice y su bebé quedo con mis padres y Estrella en el Fishop para por lo menos cenar juntos. He estado varias veces aquí, siempre de día, pero esta noche me logran volver a soprender. Cuando uno se acostumbra a la frialdad suiza o el estiramiento francés siempre agradece la sonrisa salerosa o el guiño cómplice de una camerera autóctona o un camarero sudaca. Los platos son ligeros, sabrosos e inteligentes. La carta está en catalán y me divierto al descubrir lo torpe que soy identificando pescados en mi segunda lengua madre. La cuenta es alta, pero la satisfacción lo es más y la ligera borrachera que te deja el albariño te alegra el adiós y la solitaria caminata hacia el hotel.
El hotel.
Mi trabajo me ha paseado por media Europa y el año pasado dormí tantas veces en mi cama como en camas de pago. Para ganarme la vida tengo que saber de ingeniería nuclear, pero para poder vivirla tengo que saber de hoteles. Cuando se duerme tanto fuera de casa o se eligen muy bien las amantes o se eligen muy bien los hoteles. Yo para amantes empiezo a no tener edad pero lo de esta escapada catalana ha sido especial.
Se llama Alma, casi no se ve aunque ocupa uno de los principales edificios que guardan la Pedrera. Te hace sentir en Barcelona, no pretende ser neoyorquino, ni imita el glamour parisino, ni tan siquiera intenta acercarse al cosmopolitismo de Londres. Es un hotel elegante, discreto, minimalista, con lo mejor de la sencillez catalana y el mestizaje español. El gintonic del lounge sabe a casa y las sábanas de la cama huelen como olían las de mi infancia. No tengo nada contra las masías o las casas rurales, sobre gustos colores y un hotel como el Alma resultaría absurdo en un pueblecito del interior. Sin embargo soy más de hotel pretencioso del centro que de casita acogedora del monte. Aún así, este hotel me ha hecho sentir como imagino hacen sentir a mi amigo Dani esos hotelitos perdidos en el monte que tan intensamente y con tanto cariño describe en su blog. Es lo mismo, solo que con sofás de la Bauhaus y botellines de agua a veinte euros.
La recepción es acogedora, el lobby inexistente, la puerta de mi habitación se abre apoyando el dedo sobre un lector de huellas digitales, las cortinas son de madera, la iluminación perfecta y la cama es de esas en las que lo único que detestas es despertar sin compañía. En la ducha, literalmente, llueve y hasta el patio interior (mis jefes me cuidan pero tampoco son gilipollas) parece más bonito desde la enorme vidriera que hace de pared.
Sonará snob, y ni siquiera soy original, pero acostándome anoche en la enorme cama de mi habitación de diseño, mientras oía de lejos el murmullo de los coches remontando el Paseo de Gracia, me volví a sentir como las miles de noches que me dormí oliendo las damas de noche de Rocafonda, haciéndome sentir de nuevo en casa y recordándome que no hay más patria que la infancia, ni más destino que la inteligencia.
Me dormí pensando que esto de ser catalán quizá sí valga la pena.

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September 05, 2011

Septiembre y la murga

Ocurre cada septiembre. Al inicio. Cuando ya se nos empieza a olvidar la playa, se agota el aburridísimo agosto y encaramos el otoño. Cuando empiezan a desaparecer las malditas chanclas, los hombres vuelven a taparse los hombros y las chicas vuelven a ser elegantes. Llueve con más gracia, amanece a horas decentes y las noches empiezan a durar, al fin, lo que tienen que durar.

Cada septiembre, anunciando la matraca fascistoide de la diada, aparecen los paletos y nos vuelven a joder la rentrée a los demócratas. Se me había ya casi olvidado pero no, en España dice Herrera que no cabe un tonto más, que el siguiente se va al agua. En mi paisito para algún tonto más aún hay espacio, pero como los catetos aprendan a volar vamos a tener que escribir los blogs a la sombra.

Y se enfurecen, llenan el facebook de campañas y el twitter de alegatos, llaman a las armas y juran por sus muertos más frescos que no pasarán y que se echarán al monte a morir por la patria, por Ramon Llull y por la ce cedilla. Y tú los miras, e intentas responder, razonar, explicar, pero no. Que milenios de historia no se pueden atacar, y que buenos golpes de hoz (y de coz), y dale que te pego con la cantinela, y vuelta y otra... y yo que sólo quiero que mi sobrinito aprenda física en castellano, o en inglés o en lo que sea, pero no... la patria, una de sus lenguas y la ele geminada están por encima de lo que yo quiera, y yo o me jodo, o me callo, o me largo.

Y no razonan, es imposible. La lengua, la lengua, la lengua. Ataque, ataque, ataque. Fascistas, fascistas, fascistas. Y tú, aún más capullo que ellos, los vuelves a mirar con cansancio y les intentas explicar que no es que te preocupe el que tu sobrinito aprenda mejor o peor el castellano, que lo que te da por culo es que una mitad imponga a la otra sus obsesiones, sus tonterías y sus gilipolleces. Que a un servidor se la trae tremendamente floja el futuro de castellano, el catalán, o el arameo... hay mucha más inteligencia en el discurso de dos nerds debatiendo si es mejor el Windows o el Leopard, que en toda la vomitera de falacias que los nacionalistas catalanes (y algún que otro meapilas) se sacan del zurrón cada vez que intentan convencerme de que mi sobrinito tiene que estudiarlo absolutamente todo en catalán por la patria y por sus cojones.

Lo he dicho varias veces y lo repito: usar la protección del catalán como motivo para que un ciudadano libre no pueda elegir la lengua en la que estudia su hijo es fascismo, va en contra de la Carta de los Derechos Humanos y convierte a la mitad de la población en ciudadanos de segunda.

Ellos siguen a lo suyo, y están venciendo. Con violencia, con agresividad y con gritos. Catalunya será pronto independiente, tendrá su lengua única, su cultura única y su bandera única. Pero será un país mediocre, triste y oscuro. Un país mucho peor que ahora. Un país por el que ya no lloraremos y por el que no escribiremos posts en los inicios de septiembre porque los mejores, los que hoy son ciudadanos de segunda, hará ya tiempo que se habrán largado.

Posted by antonio at 08:57 PM | Comments (0)

April 23, 2011

Friday night thoughts II

Pasiones. No sé si son la sal de la vida, pero la hacen interesante. Para bien o para mal. Tiendo a pensar que son buenas cuando nos hacen mejores y dañinas cuando nos estrechan las miras o nos apartan de la felicidad. A éstas últimas prefiero llamarlas obsesiones o fanatismos, aunque los que las sufren nunca las cosiderarán como tales. Las tengo y las sufro de todo tipo, en mis carnes, en los que me rodean y en los que me putean.
Las hay que duran dos horas y las hay que cuando empiezan no acaban. Las hay que te enorgullecen o que te dan envidia.
Esta semana las he vivido de todo tipo. En ese amigo italiano de vida más perdida aún que la mía, que ha encontrado unos ojos asiáticos en la ciudad más esnob del mundo que, para su desgracia, ni le dejan dormir los miércoles ni, para su alegría, le dan descanso los sábados. Creo que la última vez que durmió más de tres horas seguidas aún era invierno. Pero él es feliz.
Pasiones como las de esos retos futboleros con los que no me identifico mas que en la curiosidad intelectual de ver cómo me sonrío ahora cuando el eterno rival pasa por la piedra al club de mis amores. Ése al que tanta mierda nacionalista acumulada durante años en mi tierra ha hecho que muchos nos pasemos al rival. La misma mierda que no habiendo sumado ni un solo seguidor pero mandando a muchos al otro lado sigue siendo objecto de orgullo de tanto paleto estatutario. Independentistas ahora. Me repito pero es lo de siempre: ni mis paisanos ni los vascos copulan lo que es debido, y así nos va. Yo cuando era culé también era virgen. Ahora ni una cosa ni la otra. Y así me va.
Pero me desvío.
Business is business y, salvo éxitos, no me gusta mezclar el trabajo en este blog. Pero hay veces que el frío de los números, las reuniones, los viajes y los contratos da paso momentáneamente al cabreo, el pique y la pasión. Tras unas cuantos gintonics y no pocos empujones de mi parte, uno de mis colegas salamantinos mostró en un mail al resto de españoles en iter el lado pasional de lo que hacemos: la fusión la lograremos antes o después, pero la lograremos por nuestros cojones. Yo he empezado a recoger firmas para que ése y no otro sea el lema que se inscriba en la entrada de nuestros headquarters.
La crisis nerviosa de mi amiga Alya ante el enorme salto en su trabajo y el miedo tan familiar de dejar el confort para jugarse la carrera arriesgando a que te partan la cara y sin nadie que cubra tu caída. Las primeras pataditas en el interior de la barriga de mi cómplice. La borrachera amnésica y terapéutica con mi amigo Luis haciéndonos aún más populares entre la mala gente de mi pueblo.
Y finalmente mi pasión más tranquila, la que da nombre a esta categoría del blog. Acabé de leerme 1Q84 de Murakami hace unos días. Lo empecé poco antes del desastre japonés. Mientras el libro me hablaba de Tokyo, Japón se venía abajo. Mientras me enamoraba de Aomame explotaba Fukushima y mientras llegaba a sus últimas páginas recibía llamadas de mi amiga japonesa-peruana explicándome que no aguantaba más en la capital, que se mudaba a Kyoto hasta que pasase el temporal y que por favor le explicase lo que era un milisievert.
Más abajo en este blog explico lo que fueron mis diez días japoneses del año pasado y cómo me enamoré de Tokyo en unas horas. A la tristeza de ver en la tele lo que ocurría se unió la angustia de leer los mensajes solitarios de esa camarera asustada.
Lo peor ha pasado y yo me he acabado el libro. Al día siguiente lo he metido en un sobre y se lo he mandado a Keiko. Porque se lo había prometido a ella, pero sobretodo porque se lo debía a Tokyo.
Pasiones que, éstas sí, valen la pena.

Posted by antonio at 01:07 AM | Comments (0)

April 08, 2011

Cómplices

Nos conocimos de verdad una tarde. Yo venía de recoger las pértigas e intentaba reponerme de tres caídas mal dadas, era joven, virgen y no dolían. Ella no era tan guapa como ahora pero apuntaba maneras. Saltaba listones y vallas. Gracias al cielo yo era demasiado joven para enamorarme y ella demasiado lista para tontear conmigo. A falta de poder ser nada más, nos hicimos amigos.
Aún lo somos.
Mataró, Barcelona y Ginebra nos llevaron hasta su boda. Se lo dije de corazón, lo hemos vivido todo juntos y ella me enseñó lo de que con dos que se quieran con uno que coma basta. Aunque tengo varios hermanos no me gusta llamarla hermana porque ya tengo dos y no son mejorables, pero sé mejor que nadie que todo chico debería tener una mujer como ella en su vida. Da sentido a la palabra amiga, me cuida, me riñe, me encabrona y me protege. Me señala a las peligrosas, me baja los humos, me esconde a las golfas y me señala a las que valen la pena. Yo no le hago ni caso, pero la quiero como ella me quiere a mí y busco su aprobación en cada beso que repito y en cada princesa de miércoles.
Vivimos durante años juntos, cuidando el uno del otro, riñendo por cocinas mal fregadas, fiestas sorpresivas y golfos y golfas apareciendo de improviso a la hora del desayuno. Pocos nos entendieron, sabíamos que no cambiaríamos el mundo pero el mundo tampoco nos cambiaría a nosotros.
Crecimos, aprendimos, nos enamoramos de chicas y chicos geniales, nos separamos, nos juntamos y nos volvimos a separar.
Hablamos cada día, yo le cuento mis deslices y ella sus alegrías, yo le informo de mis despertares extraños y ella de los suyos italianos. Yo con mi vodka, ella con su grappa. Pasaron las décadas y ahora va a ser mamá.
Soy un chico con suerte. Me va bien la vida, mi familia me quiere, mis amigos me cuidan y no duermo una semana seguida en el mismo país. Me gusta mi trabajo aunque sé que algún día lograré dar una patada a mi día a día para dedicarme a escribir historias en Paquis. Y, pase o no, sé que cuando decida lo que sea ella estará a mi lado y nada será imposible.
Porque lo hemos pasado todo juntos: las rupturas, las depres, los agobios, los suspensos, los viajes, las mundanzas, las decepciones, los retos. Algún día seremos grandes, se lo decía hoy, pero por lo pronto ella va a ser mamá... y ni siquiera eso ha sido fácil aunque por eso será mucho mejor aún. Sirva este blog para decirle que la quiero, como quiero a su chico, y como quiero a esa persona que aún no ha nacido pero que ya es una de las más importantes de mi vida

they cant say we never tried...

Posted by antonio at 01:41 AM | Comments (0)

February 04, 2011

Princesa de miércoles

De repente el teléfono deja de sonar. Nunca recibió muchas llamadas, le cansaba conversar sin ver, charlar sin sentir. La música en el ipod sigue siendo la misma, ese transexual con el que superó rupturas, soñó inicios, enamoro desconocidas e incluso sufrió gatillazos. Eurovisión en la tele: ya siempre le recordará noches pasadas. El mismo sabor del whisky, ahora más caro pero menos amigable. El sonido repetitivo de las entradas en messenger, en facebook. Cuánto se echan de menos los de aquel sitio ginebrino. Tantos hi there, tantos cafés, tantos primeros besos, tantos últimos amaneceres.
Siendo la ciudad distinta, el entorno, la música, los sabores hasta los olores son los mismos. Pero el teléfono ha dejado de sonar. Aunque nunca recibió llamadas, ahora tampoco recibe mensajes.
Serán los años, o la ciudad, o la vida que se va haciendo poco a poco real y por ello menos interesante. Pero ese transexual que sigue cantando vuelve a decirle que man is the baby y le pide que set his spirit free, y eso debería bastar para coger el abrigo y salir a la calle a helarse, a hacer colas en clubes pijos, a emborracharse con cubatas a asesinos, a seguir buscando la salvación en las desconocidas. Ésas que un día seguirán pidiéndole que las sorprenda, que las excite, que les haga descubrir sábados espectaculares, cuando lo que él busca es dormir soñando miércoles perfectos.
Le gustaría dejarlo todo un día y dedicarse a lo que de verdad quiere hacer aunque no lo logre. Abandonar la burbuja perfecta de dinero, aviones y chicas para abandonarse al whisky, las noches y una pluma. Noches en que el amanecer sea incierto pero el teléfono siga sonando. Noches que tuvo hace poco y que abandonó porque creía que ya era suficiente. Pero no.
Noches en las que no le daba miedo arriesgar porque no temía al día en que se quedase solo. Esas noches en que el teléfono dejaría misteriosamente de sonar.
El ultimo año de la primera década del XXI tuvo demasiados momentos malos, sobretodo uno que le da miedo hasta recordar, y solo tuvo dos días radiantes, ambos ligados a su cómplice. Su último amor ginebrino desapareció en el Índico y aunque ya no la ama, sigue echándola de menos. Nuevos amaneceres se adivinará en el Leman, y seguirán sabiendo a resacas de vodka pero él estará lejos. Now I am gonna be a good girl and good girls go to heaven but bad girls can fly le dice el transexual, y él sonríe. Y sirviédose otro whisky piensa que el primer año de la segunda década le traerá otra vez Eurovisión, y a man is a baby, y besos cortos que saben a tierras de países que no sabe situar, y esta vez quizá sí, logre quemar las naves y amanecer abrazado a su princesa de miércoles.

Posted by antonio at 10:53 PM | Comments (0)

December 28, 2010

Lebedínoye óziero

El ballet es de mariquitas.
El futbol de machotes, los toros para fachas y el flamenco de charnegos.
Vayan por delante estos cuatro topicos para suavizar el que viene a continuacion.
Estoy en un gelido Paris donde acabo de ver el lago de los cisnes en la opera de la bastilla, estoy solo, algo borracho y convencido de haber pasado por uno de los momentos mas hermosos de mi vida.
Depositado el topico, me explico.
No soy experto en ballet, ni siquiera aficionado. A Paris me ha traido el no saber donde ir, la mania de no estarme quieto y un punto de esnobismo. La version es la de Noureev, soy tan ignorante en este arte que ni sabia que habia mas de una version de esta obra de Tchaikovski. Llego con media hora de adelanto. La sala ya esta llena, no es estreno pero casi, el edificio es feo pero el ambiente magnifico. Los hombres van elegantes, las mujeres guapas y a alguna espectadora se le adivinan maneras de bailarina y facciones eslavas. Me pongo de buen humor y me alegro de haberme puesto corbata. 
La primera escena sorprende, el primer acto entusiasma, el segundo estremece. Repito, no se una leche de ballet y aun asi en el descanso descubro que me tiembla el pulso mientras sostengo la copa de champagne (la tradicion es la tradicion). Cuando se reanuda el espectaculo me veo envuelto en pasos que ya me resultan familiares y en mitad del cuarto acto la chica sentada a mi lado mira de reojo como me llevo una mano a al ojo derecho. Yo, que no lloro ni bajo tortura.
Es hermoso.
Es la belleza de una treintena de hadas con forma de cisne, es la elegancia de dos hombres que se mueven como nunca antes he visto. Parece que la gravedad en el escenario no sea de 9.8 sino de 4.5. En una serie de movimientos que duran pocos segundos veo meses de mi vida luchando por una mujer, en un parpadeo se me antojan bofetadas que aun me duelen del pasado. 
Me llego a olvidar de que estoy mirando a personas. Es la geometria con acordes, matematicas a veces. En el bellisimo cuarto acto los movimientos de las princesas-cisne recuerdan a las escenas de moebius. 
Son dibujos animados pero sin final feliz. Son movimientos perfectos de cuerpos preciosos que te hacen olvidar durante tres horas a tanto capullo soez y tanta estrecha patosa con los que estas forzado a lidiar cada dia. 
Es un canto a lo universal y eterno que hay en nosotros. Lo que permite que un español del siglo xxi se este emocionando en Francia rodeado de gentes de todo el mundo con algo compuesto en el xix en la rusia de los zares. Sin que en las tres horas de obra haya una sola palabra. Como lei esta mañana en un articulo sobre un asunto que no tenia nada que ver: es el recuerdo que resta en nosotros de aquella noche en que una especie de gorila miro por primera vez hacia arriba y se sintio en hermandad con el hermoso cielo estrellado. Hoy me he visto mirando a ese cielo en los pasos de esas bailarinas.
Se lo recomiendo a todo el que lea este blog. No dejeis de verlo si podeis. Pocas cosas valen tanto la pena.
Y al final se ha acabado y como era de esperar ninguna de esas bailarinas me ha mirado a los ojos... O quiza si. 
Yo me he abrigado, me he metido en el metro y he decidido celebrarlo en un autentico bistro parisino al lado de le chatelet. Me he leido el programa y la historia de la obra mientras me hinchaba a foigras, queso y burdeos. Ell camarero, este si mariquita como Tchaikovski pero sin complejos, me ha invitado a un whisky y me ha halagado la corbata. A falta de que te piropee una bailarina rusa en la bastilla, bueno es un camarero saleroso en le chatelet. Algo es algo. Le he dado diez euros de propina, me he puesto el gorro y me he largado a mi pequeño hotel al lado de la sorbona donde se jactan de que Rimbaud, otro saleroso, se alojaba cuando pasaba por aqui.
Mañana me voy para Inglaterra, con los aeropuertos hechos unos zorros, puedo perfectamente acabar en Liverpool, Ginebra o Berlin. Ni lo se ni me preocupa. Solo se que al apagar la luz me acuerdo de esos cisnes y cierro los ojos enamorado como un idiota de Odette.

(Nota bene: en el ipad no hay acentos, o al menos yo no los veo)

Posted by antonio at 12:40 PM | Comments (0)

November 13, 2010

Friday night thoughts

Soy un adicto al Siglo XXI. Me gusta sentirme un clásico en todo lo que sean gustos y tendencias, me afeito con brocha y abro todas las puertas a las chicas excepto la del metro que se abre sola y la de la nevera que no hace falta. Aún así me encanta haber nacido lo suficientemente tarde en el XX para poder disfrutar desde el principio el XXI.
No se me había ocurrido hasta esta noche. Que era un adicto lo sabía. Cosa que pruebo y me gusta, cosa que me engancha: las gominolas, las aceitunas rellenas de anchoa, los viajes de una noche en tren, los cafés con terraza y camareras guapas, el whisky de más de 16 años, youtube... Ni fumo ni me drogo porque sé que la cosa acabaría mal y pronto. Un hombre es un hombre y sus circunstancias decía alguien (Borges?), yo soy yo y mis vicios.
Y mi siglo es el principal de ellos, y como referente de mi siglo: youtube.
Yo no veo la tele porque tengo facebook y youtube. Ver la programación de cualquier cadena, sea francesa, española o inglesa intentando encontrar algo interesante, es como ponerse a escuchar la radio esperando que alguien te lea un poema de Lorca teniendo al lado un libro con sus obras completas. Todo está en youtube y entre ese todo: los desfiles del victoria secret fashion show.
Tengo un vicio que no he mencionado porque uno es un caballero y además hace unas horas le di mi palabra a una princesa de que mis tiempos de golfo habían quedado atrás. Pero lo cortés no quita lo valiente y hasta el más honesto de mis amigos casados se ha derretido alguna vez en mi presencia viendo lo que te pone youtube cuando escribes victoria en la casilla del search.
Y en esas andaba yo esta noche de viernes solitario, con la princesa en un avión y la cabeza demasiado despejada como para irme a la cama. Tengo varios amigos en proceso de casarse, algunos inesperados, otros más o menos previstos. Hay sobretodo uno, cuyo nombre no menciono por prudencia, que una vez me pidió que para su despedida de soltero le colase en uno de esos desfiles. Y aunque en ello estoy, y lo quiero como a un hermano, me parece que el fracaso va a ser épico.
Es ahí cuando me ha venido el Friday night thought (el primero de una serie, que me estoy quedando sin ideas): he visto Don Giovanni y la Traviata en Ginebra, el Barbero de Sevilla en el Metropolitan, los Miserables en Londres, veré en unos días el Lago de los Cisnes en Paris y espero repetir en el Marinski de San Petersburgo, Madame Butterfly me espera en enero en la Bastilla, y tantos otros que vinieron y vendrán... pero el Victoria Secret Fashion show empiezo a convencerme de que moriré sin verlo, y mi amigo será feliz igual con su princesa pero yo le habré fallado.
Y a eso iba mi idea del viernes: cómo se engancha uno a un siglo en que las obras más hermosas del arte universal están accesibles a cualquiera que tenga una tarjeta de crédito y media hora de pasarela con música pop y unas bellezas con alas (preciosas, sí, pero en peores plazas hemos toreao) son el nuevo inalcanzable nirvana.
Será que pese a todo nos hemos equivocado de siglo? o de gusto? o de profesión?
Suerte que tenemos youtube...

http://www.youtube.com/watch?v=e6isLmchg_Y


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September 07, 2010

Espalia

Piso Roma por octava vez en lo que va de año y Nápoles por segunda vez en mi vida. Esta vez solo. Estaré aquí menos de 24 horas pero me pilla con el ánimo poético. Así que tras el caos del aeropuerto, las peleas con un taxista asesino, simpático y ladrón que me cobra 70 euros por una carrera de 20 minutos, decido relajarme paseando por el puerto y el barrio antiguo.
En Italia no me siento extranjero. De las pocas lenguas foráneas que chapurreo el italiano es la que peor hablo pero la que mejor entiendo. No sé si es el parecido físico, la picaresca común, esa superioridad en el descaro o inferioridad en lo transcendente, la historia compartida, la golfería natural o sencillamente el hecho de que cuento entre mis amigos íntimos más italianos que españoles, hacen que cuando hablo de esta tierra no sea distinto a cuando lo hago de Madrid o de Sevilla.
Paseando por la ciudad me doy de bruces con Carlos III, con Fernando de Aragón, con una placa que habla de Lope y con varios indígenas que se insultan en un dialecto del que solo entiendo los tacos, de tanto que se parecen a los nuestros. Me regocijo cuando dos turistas con pinta de francesas me paran preguntándome si soy napolitano y unas alemanas me piden que les haga una foto creyendo que tratan con un italiano vero. Yo desde luego, sigo el rollo y dios me libre de desmentirlas. Dormiré solo, pero dormiré contento.
Mentiría si dijese que los tópicos no me rondan continuamente por la cabeza. Nápoles es la ciudad de la mafia, de los emigrantes buscavidas a las américas, de los mil pícaros que te la van a meter en cuanto puedan. Es así, y aunque te lo propongas, no bajas la guardia. Sin embargo, tras un rato paseando y un par de horas haciendo lo que más me gusta hacer en cualquier ciudad: coger algo para leer y sentarme en un bar o terraza del centro a ver pasar la vida con cualquier cosa que tenga alcohol, este enorme pueblo te acaba integrando.
Soy catalán de nacimiento, andaluz y extremeño de origen, por mis apellidos debe correr sangre vasca y castellana y mis rasgos delatan que algún moro debió de cruzarse por mi árbol geneológico... con este sucio pedigrí es difícil sentirse extranjero en cualquier ciudad mediterránea. Para alguien enamorado de Ginebra resulta chocante el sentirse agusto en una ciudad sucia, desordenada e incómoda como ésta, pero cada uno es cada cual junto con sus contradicciones. Y yo de ésas tengo a montones.
Italia y España no deberían ser países distintos. Los europeístas creemos que la UE debería ser un país común que acabase de una vez con las diferencias entren los estados-nación que han estado dando por saco los últimos cinco siglos. Lo defendemos y trabajamos por ello, pero en el fondo, sinceramente, no nos lo creemos.
Un sueco, un holandés y un inglés acostumbran a ser gente maravillosa y simpatiquísima, pero poco tienen que ver con un italiano, un portugués o un español. Nos llevamos bien porque cuando nos llevamos mal pasa lo que pasa, pero nos parecemos lo que un coreano a un tejano.
Entre latinos la cosa cambia.
Que España y Portugal sean países distintos es una tontería de la historia. Si nos preguntasen estoy convencido de que la mayoría apoyaríamos la unión. Como leí alguna vez, quizá España podría aportar el nombre y Portugal la capital. Ahorrándonos así la monserga de los de siempre con lo del centralismo y convirtiendo de paso a Madrid en la verdadera Nueva York del viejo continente, libre de políticos y demás parásitos.
Menos se habla de unir Italia con España. Nos separa solo un mar común, tenemos el mismo carácter, los mismos gobiernos inútiles y exactamente la misma actitud ante la historia. Por tener, incluso ambos tenemos a esos cuatro pelmazos que creyéndose más guapos y listos que el resto no paran de dar por saco con lo de la independencia de su rinconcito.
Alguna vez pienso que unir a los franceses a la fiesta podría ser buena idea, pero por más que siempre agradeceré a los gabachos el haberme acogido como a uno más cuando era un crío imberbe y, sobretodo, haberme mostrado el camino a mi Ginebra, París sigue estando demasiado al norte, y a mis primos les falta salero y les sobra hedonismo. Por ahora, mejor que sigan siendo amigos pero no hermanos.
Los italianos por fin podrían competir en eurovisión y los españoles podríamos ir por ahí diciendo lo de ciao bella sin complejos. Todo son ventajas. Ya lo estuvimos varias veces antes, desde los romanos hasta los Austrias, por qué no hacerlo ahora por las buenas?
Unámonos, riámonos de los encorsetados del norte, y demostremos a nuestros pelmazos indígenas que más vale juntos que esparcidos. Empecemos a eliminar según qué fronteras absurdas. Y luego que se separe quien quiera.

Que me encanta Nápoles.

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May 26, 2010

Tokyo

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Escribo esto mientras sobrevuelo los bosques de Rusia, en el ipod suena Love over Gold y me acabo de beber dos vasos de tinto del que da Alitalia, que por cierto no está nada mal. Así que aviso que éste es de los cursis.
Dejé a Luis camino de Kyoto donde le espera una semana de conferencias, con sueño, mucho sueño, una ligera resaca y dos sonrisas de canalla recordando nuestros diez días japoneses.
Desde hace un par de años voy por ahí proclamando que ya no soy el que era y que más de dos noches consecutivas pueden conmigo. Pero me equivocaba. Aún a riesgo de ser condenados por los bienpensantes que, mezclando churras con merinas, no entienden una visita a un país exótico sin cámaras de fotos, madrugones, autobuses y horas de visitas culturales, mi colega y yo nos hemos pasado diez días levantándonos a las 5 de la tarde, malcomiendo donde podíamos, paseando (tampoco hay que ser integrista) una o dos horas haciendo las visitas de rigor, durmiendo otras dos horas (con un par), cenando a horarios españoles y trasteando en la noche de Tokyo hasta mucho después del amanecer.
Y me ha sabido a tan poco que juro que casi lloro cuando me he metido en el tren a Narita esta mañana y por no montar un drama ante Luis, que sé lo poco que le gustan estas cosas, le he hecho prometer que volveremos bien pronto.
En unas horas volveré a ver las sucias calles europeas, tratar con mis maleducados paisanos, lidiar con las bordes desconocidas de cada anochecher y leer sin problema los aburridos menús mediterráneos. Pero las cuatro fotos que he sacado y el regusto a Japón en mis labios espero que me recuerden, aunque sea sólo por unos días los anochecheres repentinos, los platos asiáticos inexplicables, las reverencias exageradas y las sonrisas educadas, la paciencia infinita, las calles a una escala humana que sobrecoge ante los abrumadores rascacielos de esta megalópolis, los bares modernísimos, los clubs con borrachos encantadores, los dormilones en Armani del metro, las prostitutas elegantes, las chicas guapísimas que besan sin separar los labios, las modelos que te miran haciéndote bajar los ojos y esas princesas que no se ponen a la defensiva cuando les dices hola qué tal. Durante una semana hemos retado a adolescentes nipones a sus videojuegos, hemos reído con gente que no entendía una papa de lo que les decíamos, nos han invitado y hemos invitado a copas a hombres de traje que te juran lealtad eterna cuando les das tu business card. Nos hemos peleado por una camarera que acababa su turno demasiado tarde y por una enfermera que lo empezaba demasiado pronto. Batallas que, al final, solo han servido para reirnos de ellas en el desayuno.
Hemos sido científicos, ingenieros, pintores, escritores, franceses, ingleses. Sinceros y mentirosos. Educados y humildes. Despistados y algo golfos.
Y nos lo hemos pasado de miedo.
Como digo más abajo, algún día quizá esto se acabe, pero hoy estoy feliz por tener otra ciudad en el corazón. Y otro sitio al que volver esos días en que el hogar se hace difuso, Europa pequeña y la patria un cuento que acaba justo al final de unas caderas.

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May 10, 2010

Iba a escribir de política...

Iba a escribir de política.
De lo a gusto que me siento lejos de un país donde la ira, la estupidez y el fanatismo están acabando con la democracia mientras la economía se nos pone al nivel de Sierra Leona y Europa nos mira con pasmo. Del vivan las caenas y los referendums medievales. De la tristeza, casi dulce y cansada, que siento al ver a más de diez amigos inteligentes apuntarse a grupos de facebook en los que se desea que España no gane el mundial. Por motivos políticos imagino. A mí que el Barça gane me da por saco políticamente, pero hay demasiada gente a la que quiero que sé cuánto le alegra y, solo por ellos, jamás mostraré mi alegría, y mucho menos mi deseo, por una derrota del antiguo equipo de mis amores. A mí, que aunque cambiaría sin pestañear cinco mundiales de la roja por un mal polvete rápido con un seis en un antro pegajoso, reconozco que celebrar la Eurocopa en mi Ginebra entre las miradas de envidia de los italianos, la sorpresa de las rusas y la alegría de esos españolitos emigrantes me supo a gloria. Pero bueno, imagino que sencillamente hay gente a la que la política les toca más el ánimo que la alegría de ese colega de al lado. Así empiezan las guerras civiles.
Pero suena Antony and the Johnsons, llueve en Aix y no quiero hablar de política.
Mejor hablar de que se casa mi mejor amiga. Y de que eso me llevó con su novio y diez golfos más a Liverpool el pasado sábado. Transnochando el viernes en un pueblo llamado Warrington donde nunca sabrán que esos borrachos hablando una rara mezcla de español e italiano, deambulando de bar en bar y bebiendo aún más rápido que los chavales ingleses, representan lo mejorcito del futuro científico de Europa (Luis dixit). Algunos siguen aún desperdigados por el continente intentando llegar a sus casas, sus trabajos y sus novias. Dicen que por un volcán que quiso alargar la despedida (consiguiéndolo) aunque yo creo que sencillamente algo o alguna se interpuso entre ellos y el aeropuerto.
Y sigue lloviendo, y el ipod me explica que Man is a Baby, y la lonely que en Tokyo me voy a hartar a Sushi, a karaoke, a bares en vertical y a niñas guapas. El perfume en mi almohada que todo será dulce a mi vuelta y ese mensaje en mi inbox que Ginebra sigue oliendo a pan recién hecho y a despertares rubios con resaca y regusto a vodka. Que a veces vale la pena estar solo y sentir la libertad abriendo los ojos a tu lado por la mañana. Recordando que tienes amigos que son capaces de cruzar el continente en autobús por tomarse una copa a tu lado. Algunos con sus novias y sus hijos, otros, como tú, con sus historias perfectas rotas. Como ese amigo italiano, bueno, canalla y tan guapo que ni rabia da, que intentando llegar a Ginebra ha acabado en Berlín preguntándose por una chica del sur. Va este post por él y por esos golfos de liverpool. No hay volcán que nos pueda.
Algún día esto se acabará, imagino. Pero esta noche llueve, Antony and the Johnsons me cuentan que I am his sister, Esther y Boris me han pedido ser su padrino, Luis me esperará en Tokyo con diez noches por quemar y parece que, como tantas veces antes, está todo por escribir.
Yo quería hablar de política pero, sinceramente, no vale la pena.
Seis meses desde que llegué a Aix y la vida sigue siendo una aventura.

Posted by antonio at 10:29 PM | Comments (0)

January 31, 2010

Frío

Se acaba enero y vuelvo a Ginebra. Salgo del cine y el frío húmedo, el olor a aire limpio y una luna enorme sobre el lago me recuerdan donde estoy. Voy solo. Casi no me quedan amigos aquí. Alguno hay, buenos y leales, pero pocos. No me importa. Llegué el viernes cerca de medianoche. Mi tren se retrasó y mientras hacía el check-in en mi hotel de siempre recuerdo que hace solo unas semanas fui feliz en la 508. Luis, que llegó de Inglaterra hace ya cuatro horas, se me une cuando aún estoy recordando la 508. Como siempre, casi no dice ni hola y antes de que rompamos el abrazo ya me pregunta dónde es la primera parada. El resto como siempre, bares, discos, whiskeys e historias. Las excusas de siempre para no dormir solo. Cuando me dirijo al hotel a las cinco pienso que no extraño a mis amigos, ni la noches ginebrinas, tampoco las noches golfas ni el lago, ni tan siquiera a Natasha, sencillamente me extraño a mí mismo.
Dos noches y muchas miradas después salgo del cine pensando en que quizá sí que valió la pena. Irme para recordar.
La película es Up in the Air. La genial historia de un hombre solitario (que no solo) con carrera, dinero, mujeres y humor, que un día decide abrir la puerta a una chica, se enamora a su pesar hasta las trancas y, lógico, la chica le parte el corazón. No sé qué astros se alinearían esta noche fría, pero ni hecho a posta.
Salgo del cine de la única manera que puedo salir. Y cuando estoy cruzando el puente, temblando y pensando (uno es como es) que en cualquier sitio de esta ciudad ella debe estar cenando y riendo con otro, no me invade la tristeza (uno es como es pero va aprendiendo) sino un cierto cansancio y el dulce convencimiento de que quizá estas cosas valgan la pena. Que quizá todo esto sirva para recordarme que no importa cuantas noches pase solo, cuantos ángeles abran los ojos a mi lado por la mañana o cuantas veces me la vuelva a dar, por chulo, por inconsciente y por gilipollas. Que seguramente alguna vuelva a decirme muy pronto ojos negros tienes y, esta vez sí, yo piense "anda caramba!", me decida de una puta vez a ser menos listo y más valiente, agachar la cabeza y entrar a trapo.
Quemando las naves, sin escudo y con dos cojones.

Posted by antonio at 10:15 PM | Comments (0)

January 02, 2010

2010: viejos amigos, viejas ciudades

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Mi amigo Luis disfrutará como un gorrino bombardeándome el messenger tildándome de cursi. Lo sé, pero es que dos días en Ginebra tienen siempre este efecto en mí.
Me iba a ir a Rusia a pasar frío en Leningrado y no precisamente con la intención de visitar el Bolshoi. París, el frío en la Provenza y, por qué no decirlo, cierto cangueli prevacacional me hicieron cambiar los planes, cancelar billetes, habitaciones y citas más o menos prometedoras para irme a Ginebra e intentar pasar la nochevieja lo más cerca posible de esa Rue de Fribourg a la que tanto y tanta debo.
Me fui en 2005 a Nueva York con Raquel, era el bautizo de un 2006 en el que, por fin, dejaría Ginebra para sentar cabeza de una vez y empezar a vivir en pareja. Suena duro, sobretodo si se lee más abajo, pero lo cierto es que fue fácil, divertido y genial. Duró ocho meses, los necesarios para que el trabajo acabase conmigo de vuelta a Ginebra, Raquel en Madrid y una relación que volvía a depender de los aeropuertos.
El 2007 lo recibí en Barcelona en medio de pequeñas discusiones que acabarían siendo premonitorias de un año que acabaría con siete años de sueños en pareja. En 2008 mi nuevo estado civil me llevó a una noche con el de siempre por una Ginebra que, ya es casualidad, acogía el encuentro mundial de Taizé, jóvenes y jóvenas cristianos con demasiado alcohol encima para un pueblo que acoge a golfos con tan pocos prejuicios encima. Cenamos con Esther y Boris, los dejamos viendo la gala de nochevieja en la tele, bebimos y reímos en todos nuestros bares y ardió Troya. Fue una gran nochevieja, y un gran año.
Al día siguiente yo y mi resaca nos fuimos a Budapest, hay fotos en Facebook y posts en este blog que cuentan esos cuatro días solitarios, extraños e imborrables ya.
La nochevieja de 2009 me pilló aún con la resaca del viaje a Sierra Leona y la malísima idea de cruzar los Alpes en diciembre sobre una moto y sin mono de lluvia. Acabé perdido con Esther, siempre Esther, Boris y cuatro más en una estación de esquí italiana. Me metía en la cama a las 2 de la mañana, tras una hora bebiendo grappa con mi cómplice en el bar del hotel, hablando de nosotros y de una rumana que por entonces no me dejaba respirar tranquilo. Estaba sobrio, descansado e insomne, pero feliz. Como siempre que bebo o hago cualquier cosa con Esther. 2009 fue el año de Mónica (dos años para conseguirla y dos meses para perdernos) y de Natasha, hay demasiado sobre ella en este blog como para extenderme aún más. Todavía la extraño.
Separarme de Ginebra y separarme de Natasha no son eventos independientes. Se parecen tanto que asusta. He aprendido en estas últimas semanas que se puede echar de menos una ciudad (un hogar) como se echa de menos una mujer. Que las calles, las plazas el olor se pueden extrañar como se extrañan unas piernas, unas miradas o una fragancia. Quizá no haya tanta diferencia entre el amor y el sentimiento de pertenecer a un lugar. O quizá es que sencillamente el corazón no acepta fácilmente las decisiones que la razón toma. Alguien que alguna vez haya amado a una mujer y a una ciudad debería escribir sobre ello. Yo no soy lo suficientemente bueno.
No sé cómo será 2010. El inicio fue genial, con Ginebra, cena con hombres de esmoquin y mujeres de negro, y Lea cuidándome hasta que el sueño nos pudo. Incluso me gané dos hostias por meterme, meternos ya que Lea gritaba más que yo, entre un abusón y su chica que por lo visto acababa de llevarse una galleta por no estar dispuesta a hacer en la calle lo que el capullo de su amigo había intuído en la discoteca. Pero bueno, son hostias de las que duelen en el cuerpo pero alivian el ego (la mía digo no la que se llevó la chica, soy de los que cree que la castración química es un gasto innecesario para la sociedad existiendo patíbulos). La culpa en verdad la tuvo Pérez-Reverte, el día antes había leído algo suyo donde explicaba que en ciertas situaciones y cuando hay mujeres indefensas y borrachos abusones de por medio uno o se porta como un tío decente o como un mierdecilla. Y a las 7 de la mañana, crecido por el whisky y una amiga mirando, a mí mierdecilla no me llama ni el Reverte. Pero bueno, se fue el cabrón con su amigo, la chiquilla con la poli y la cosa no fue a más. Por lo visto mis gritos imponen más que mis puños, bueno saberlo.
Lo que digo, con resaca y magulladuras incluidas, no es mal inicio para un año en que quizá otras mujeres y otras ciudades desplacen a esas dos de arriba, o quizá no. Una de las cosas que uno aprende con 33 años tras pasarse 11 de arriba a abajo es que el trabajo, las ciudades, las relaciones pueden cambiar en lo que dura un parpadeo. Empecé 2009 pensando en pasar cuatro años más en Ginebra luchando porque fuese al lado de una morena rumana y lo acabé planeando cinco en Marsella echando de menos a una rubia de Briansk. Ya ni siquiera me atrevo a vaticinar donde estaré en primavera. Y aunque a veces cueste, me vaya a la cama sobrio menos noches de lo que convendría y despierte solitario más mañanas de las que me gustaría, tampoco creo que me pueda quejar.
No me aburro nunca, me cuida mi familia, mis amigos aún se ríen cuando cenamos juntos, Lea está ahí cuando hay que emborracharse y pegarse, Esther sigue riñéndome y queriéndome y Luis no se cansa de sacarme de noche a intentar ser besados, y llamarme cursi.
Que 2010 sea un año feliz.
O si más no, al menos divertido.

Posted by antonio at 05:40 PM | Comments (0)

December 15, 2009

conHelio

Este clavo no va a ser fácil sacarlo. Extraño sus formas, sus sabores, sus palabras. Seguro que las hay mejores en el planeta, la que me ha visto despertar esta mañana quizá lo sea, lo sé, pero no lo siento.
Lleva tiempo, la mente olvida rápido, se filtra y se deforman los momentos junto a ella, en ella, pero el corazón traiciona cada vez que el día a día te deja un ratito para comparar.
Es irracional y es estúpido. Pero es. Extraño sus olores, sus cambios de humor, nuestras noches eternas. Su lealtad, sus traiciones, nuestros orgasmos. Su dulce calor y su distante frío.
No todo me recuerda a ella, hay veces que hasta me siento alegre, hasta que algo me vuelve a punzar justo al ladito de los pulmones.
La echo de menos. La echaré por mucho tiempo de menos y hoy en día no creo que encuentre una igual en años.
Quizá algo me sorprenda antes de lo que imagino, pero en este momento me cuesta sentirme igual estando tan lejos de ella.

Da nombre a este blog y aunque tiene nombre de princesa, no estoy hablando de una chica.

Posted by antonio at 05:51 PM | Comments (0)

July 01, 2009

Ibiza & MJ

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Volvíamos de Ses Salines, anochecía y estábamos muertos por los madrugadores aviones pero felices por la tarde en Sa Trinxa y la noche en blanco a rellenar como quisiésemos. Lo oímos y no nos entristecimos pero nos quedamos de piedra. Se murió Michael Jackson y con él no se nos fue nada pero nos vinieron mil recuerdos. Mi primer CD fue Bad, me lo compró mi padre en el Pryca nada más salir para estrenar nuestro primer lector de esos extraños discos con espejo. Me recuerdo estirado en el sofá con unos auriculares enormes escuchando mil veces esos gritos y esos ruidos que tan extraños y excitantes sonaban entonces. Dicen que le recordaremos por sus videoclips, yo era tan joven cuando salió Thriller que me pasé dos noches maldurmiendo por el miedo que me dieron esos zombies. Lo recordaré sobretodo por esas tardes de sofá alucinando con ritmos que venían de otra galaxia y letras que, aunque casi no entendía, me avanzaban una vida adulta que jamás imaginé se parecería a la que tanto me gusta llevar ahora. Lo recuerdo sonando en autobuses de nuestras excursiones del cole, discutiendo con mis amigos su mejor canción, en esa época donde aún no nos enamorábamos pero empezábamos a sospechar algo sobre el tema. El sexo (en compañía, claro) sonaba aún como algo lejanísimo pero sus canciones nos lo acercaban un poco. Michael era la libertad.
Sí, el personaje y los killer-media acabaron con el mito durante unos años, los tan odiosos bienpensantes puritanos que nunca fuman, nunca beben, nunca se drogan y seguramente nunca se corren se afanaron en criticarle por querer ser blanco en vez de negro, por llevar su cuerpo al límite para poder ser como él quería ser. Estos mismos que jamás se atreverían a criticar que una mujer que se siente hombre se someta a cien intervenciones para cambiar su sexo. Cambiar de sexo sí, pero de color no. Paradojas del pensamiento políticamente correcto, o paradojas de los tontos sin más.
Pero vamos, estos mediocres que se lo cargaron pasarán y Dirty Diana la recordaremos siempre.
Como digo, nos quedamos de piedra más por lo que recordamos que por el hecho en sí. Venimos de mundos distintos, yo nací cuando se murió Franco y ella casi una década después cuando se moría el comunismo, yo vengo del calor y ella del frío, y a los dos nos unió su muerte un poquito más, igual que su música había unido al planeta antes.
Su voz ha sido nuestra banda sonora en estas vacacioncitas ibicencas. Y por eso han sido un poquito mejores.
...
Sí, ya lo sé, los paletos de siempre han aprobado esta tarde la ley de educación en Cataluña, ahora ya hay tres tipos de catalanes, los que pueden educar a sus hijos en su lengua materna, los que no y los que tenemos pasta para pagar una privada. Pero que les den, mis hijos no pasarán por sus manos, quizá nunca aprendan catalán (aunque si nacen en Cataluña serán bilingües) pero hablarán inglés, fráncés, quizá ruso. Y sabrán tararear Billy Jean.

Posted by antonio at 03:35 PM | Comments (0)

May 19, 2009

Eurovisión

Como dice hoy el Gistau en su artículo de El Mundo: pues qué queréis, a mí me mola. Últimamente la noche de Eurovisión no me da más que alegrías y la espero con más ganas que mis ex-compañeros culés esperan esa final de Roma en la que la nueva Armada Invencible va a vengar lo del XVI y pasar por la piedra a la pérfida albión (jeje).
La gala de Eurovisión es divertidísima. Y lo digo sin segundas.
El año pasado yo y dos más organizamos una fiesta en casa para intentar ligarnos, respectivamente, a una serbia, una francesa y una croata a las que diez días antes habíamos logrado sentirse interesadas por nosotros demostrando en una salecta discoteca ginebrina cómo se baila el chikichiki. Se rieron, aceptaron la invitación y montamos la fiesta para ver a un chiquilicuatre que acabó teniendo tanto éxito como nosotros, o sea, ninguno. Acabamos a las cinco de la mañana en un mal antro ruidoso llorando nuestro fracaso y buscando consuelo en las victoriosas rusas a las que días más tarde acabaríamos consolando nosotros en esas noches de gloria y ligue eurocopero. Pero eso es otra historia.
Este año ha sido más tranquilito.
Me tragué Eurovisión con mi princesita rusa desde el mismo sofá pero sin público esta vez. Con las mismas intenciones pero menos triquiñuelas. Ella entre vodka y vodka me explicaba las imágenes de Moscú, y yo, entre whisky y whisky, pensaba quien te ha visto y quien te ve, Antoñito.
No sé si sería el vodka, el whisky o mis artes culinarias, pero nos lo pasamos en grande, entre el griego saltarín, la alemana del escote, el peinado del lituano y el vestido de la rusa, nos dieron las doce y se fueron al garete los planes de cabaret ginebrino.
Lo único malo: que al final el vodka hizo su efecto y se quedó dormida encima mío, con lo que, atrapado y a dos metros del mando, por no despertarla me tuve que tragar la tertulia de TVE donde grandes sabios estadistas pedían poco menos que la salida de España de la UE por crímenes de lesa patria. Hice como que tosía, se despertó y pude por fin apagar la tele, irnos a la cama, y dormirnos mientras tarareábamos entre risas el estribillo del noruego del violín.
Que al fin y al cabo para eso sirve eurovisión.

Posted by antonio at 08:17 PM | Comments (0)

December 11, 2008

Sierra Leona

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No sé por dónde empezar. Hace dos días que aterricé en Ginebra y empieza a parecer un sueño o una pesadilla de la que me acabo de despertar y poco a poco se me irá olvidando. Por eso escribo. Porque sé que fue muy real.
No es un viaje a otro continente, es un viaje a otro tiempo. La Edad Media tuvo que ser algo muy parecido a Freetown. No sé escribir lo suficientemente bien para describir lo que vi (ahí están mis fotos en facebook para el que quiera verlas) pero puedo intentar contar lo que sentí.
El miedo. No a que me pasase algo, Lea me protegió como a un niño, miedo a lo desconocido, a la oscuridad absoluta en las noches sin electricidad y sin luna, a la amenazante selva, a las noches de escandalosa tormenta tropical, a los inofensivos tiburones que te miran mientras buceas, al total y absoluto cambio de marco.
La sorpresa. Las imágenes que por más que esperas te sacuden violentamente, Lea y su cambio radical, tan alegre, atrevida y alocada en la segura Ginebra y tan seria, vigilante e incluso severa allí. Solo una vez cerrada la puerta de la habitación volvía a mostrar ese relax tan suyo y esa risa atolondrada y explosiva. La conocí con 21 años cuando, como en la canción, a mí no me quería una mujer y a ella se le moría una ciudad.Su melena de muñeca rota me ha traído a bailar hasta estas playas. Con los papeles cambiados ahora, ya no soy yo el que le aparta los golfos bailarines tras haberlos puesto a cien para que las niñas bien se pongan celosas y se acerquen a mí, ahora es ella la que me riñe cada diez minutos por meter la pata en un país que solo te permite un error.
Yo mismo, descubriendo una faceta de mí que desconocía, que no esperaba y que me gusta.
La alegría. No en los otros sino en nosotros.
El aturdimiento. Los contrastes son continuos y despiadados. No puedo lavarme la cara ni ducharme con agua caliente pero me despierto en camas a una decena de metros de un océano insultantemente azul y caliente donde me zambullo con los ojos aún cerrados. Tengo que superar todos mis ascos comiendo lo que nos ofrecen en los poblados mientras ceno langosta comprada en las mismas canoas cada noche al lado de una hoguera en la playa y bajo un cielo con constelaciones que ni imaginamos en estas latitudes. Duermo en camas incómodas, llenas de arena, con insectos enormes paseando por mis piernas bajo una inútil mosquitera pero despierto de la siesta viendo anocheceres vertiginosos en playas quilométricas sin más alma que la mía y la de la chica preciosa que se despierta a mi lado.
El cansancio, la melancolía y el orgullo cuando ya subido al avión de vuelta, me estiro en el asiento y miro hacia atrás, hacia la semana más formidable de mi vida. Con los ojos cerrados pienso en el viaje de más de 30 horas que tengo por delante, me voy relajando por fin y justo antes de quedarme dormido echo de menos la risa explosiva e irreverente de mi amiga.

Posted by antonio at 08:00 PM | Comments (0)

July 01, 2008

Fútbol, Ginebra, Manifiestos e Imbéciles

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No me apasiona el fútbol. Me volvía loco hace años, pero ya no. Entiendo más bien poco y no sigo a ningún equipo desde que para ser culé se hizo obligatorio además ser nacionalista. Si viviese en España incluso esta Eurocopa me habría dado más o menos lo mismo. Pero vivo en Ginebra, y aquí tanto el europeo como el mundial se ven desde otro prisma. Dicen que somos un 70% de expatriados (inmigrantes con título, vamos) pero al ir por la calle ves que la cantidad de suizos de pro no debe superar el cinco por ciento. Esto hace que en semanas como las que acaban de pasar la ciudad se convierta en un bosque de banderas, incluso los que cuyo país no se ha clasificado cuelga la enseña del equipo que le cae más simpático. Se colocan dos pantallas gigantes (dos, señor Hereu) y cada tarde se monta la de dios en la plaza más grande del pueblo. Es imposible quedarse a parte y no emocionarse con tus compatriotas en cada partido. Este año, desde luego, aún más.
La final fue genial, los partidos contra rusia aún más (por lo de consolarlas, claro) pero nunca se me olvidará esa tanda de penalties contra Italia. El rostro de rabia y resignación de miles de los nuestros en esa plaza cuando acabó el partido y volvieron los malditos penalties.
Este humilde catalán vio ese partido con dos amigos madrileños y un vasco (qué indigestión si nos hubiese visto a los cuatro envueltos en banderas alguno de los restreñidos estatutarios de mi patria chica). Nos acompañaron dos bellezas una rumana y otra franco-suiza, que aunque hicieron lo posible por vestirse de rojo, insultar en perfecto español a los italianos y desgañitarse cada vez que nos acercábamos a puerta, no acababan de entender nuestro pesimismo y el de todos los españolitos que nos rodeaban. Éramos mejores, más fuertes, más divertidos y encima más guapos que los italianos, le acabábamos de meter cuatro a Rusia y aún así estábamos convencidos de que cascábamos. Les intentamos explicar que cuando se lucha contra la Historia se tienen las de perder, pero ni por esas. Ese día recibieron su primera clase de lo raro que hay que ser para ser de mi tierra. Aunque claro, vaya usted a explicarle a una chica que aún recuerda su infancia con Ceaucescu lo duro que es ser español...
Y bueno, el caso es que ganamos. Se veía a nuestro alrededor que la gente no sabía ni como celebrarlo. Suerte que nuestras dos princesitas llevaron la voz cantante en las celebraciones, si no aún seguiríamos ahí con cara de tontos y sin creérnoslo.
En los días que han seguido, ser español en Ginebra ha sido una gozada. La gente veía tu coche con la matrícula de Barcelona y te paraba para desearte suerte, para abrazarte, para decirte que estaban contigo (lo cual era algo raro algunas veces ya que uno no se pasa el día precisamente pensando en la eurocopa), y lo más curioso, todo, todo, te lo decían en español, mejor o peor, inteligible o no, pero español. Fui a una tienda de motos y el vendedor nada más le saludé (ole mi acento francés) me respondió con un "viva España", un médico se preocupó más por saber cómo se pronuncia Villa que por mis anginas, el jefe del proyecto científico más grande de la historia quería hacerse fotos con ese torete que se ha convertido ya en mascota del CERN (genial idea de mis dos madrileños de arriba), y tantos otros. No era orgullo de sentirse español, era orgullo de que la gente quisiese aprender de ti, saber decir algo más que "hola" y "una cerveza por favor".
Mientras, en Barcelona, un alcalde traidor no dejaba que miles de sus votantes disfrutasen como yo lo hacía en Suiza, un partido de nazis impone como principal meta de su legislatura que en los colegios de Cataluña no se den tres horas de castellano, dos vale, pero tres no, mientras me llaman a mí fascista por pedir la mitad en una lengua y la mitad en la otra, ¿qué me llamarían si pidiese sólo 2 horas en catalán y ni hablar de la tercera?, seguramente nazi.
Es contra ellos, contra el nazismo que se quiere imponer en parte de España por lo que hay que firmar ese manifiesto de Rosa Diez y Savater, donde sea, en El Mundo, en ABC, en la web de UPD, pero hay que firmarlo. Para que algún día un chaval en Barcelona se pueda sentir como yo me he sentido en Ginebra estos días. Orgulloso de una lengua y no avergonzado de ella. Feliz de tener dos lenguas y hablarlas indistintamente cuando me plazca sin que nadie me señale o me impida aprender en una de ellas.
Y mientras ese día llega, me consolaré pensando que al mismo tiempo que unos españolitos menos cañí que nunca bañaban su alegría en la fuente de la foto de arriba (gracias Lea, gracias Fred), otros seguían masturbándose con sus sueños totalitarios, estelados, independentistas y primitivos. Basando su felicidad en el odio hacia el de al lado, en buscar en la patria lo que no encuentran en el individuo.
Quizá algún día ganen (lo están haciendo), pero todo quedará en eso, en la estupidez del que se siente feliz en su hecho diferencial, su tribu aborregada y sus acampadas "per fer país" (que sí, que aún existen) y la alegría de los que nos sentimos libres, aunque nos quedemos solos...
porque siempre habrá alguien que tras el baño en la fuente quiera abrir los ojos a nuestro lado al día siguiente, haciendo que nos importen un carajo sus estatutos, sus segadors, sus normalizaciones y todas las gilipolleces por las que suspiran los memos que cuelgan de sus sedes banderas alemanas en las finales de la copa de Europa.

(Foto: Geneva Sessions by Fred Hamel)

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January 05, 2008

Budapest - 3

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Me puse me corbata de los jueves y tras mi fracaso intentando parecer un espía intenté hacerme pasar por un mafioso de los cuarenta. Tras deambular por calles nevadas, oscuras y solitarias di con el sitio.
Era oscuro, mesas pequeñas con solo cuatro o cinco parejas y algún grupito de indígenas amigos de la cantante, un bajista y un guitarrista que parecía que en cualquier momento fuesen a sacar un ejemplar en piel del Señor de los Anillos de debajo de la partitura y una solista a la que no costaba imaginarse ennoviada con el más malo del local mientras sus pobres compañeros de trío lloraban cada noche por ella en los brazos de Gandalf.
Me pedí un filete a la Magiar y pasé dos horas geniales intentando que no pareciese demasiado obvio que mi interés por la habilidad del bajista no era más que una excusa para intentar cruzar mi mirada con la cantante.
Con the girl in the next room me enganchó aún más a esta ciudad.
Pedí la cuenta y el resto fueron todos bares de borrachos, guiris y prostitutas aún demasiado interesadas en qué hacía un chico como yo en un sitio como éste.
Me voy mañana.

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January 04, 2008

Budapest - 2

El castillo en Buda es alargado e inquieto, las casas y calles son casi tan bonitas como las de la ciudad antigua de Ginebra pero tienen algo de fantasmagóricas. No lo he dicho aún pero una peculariedad que me sorprendió en Budapest nada más llegar es que parece demasiado grande para la cantidad de gente que acoge, quizá en verano sea distinto y, por lo que he visto en fotos, todo se llene de gente y de turistas, sin embargo estos días vaya donde vaya siempre parece que falta gente. No es que esté vacío, sencillamente sobra espacio. En Buda esta sensación se acentúa.
Me gustan los sitios con gente, me gusta el bullicio por defecto y solo disfruto el silencio cuando yo elijo tenerlo. En Buda habia demasiado silencio y, aunque parezca mentira, habria preferido algun turista más.
Hasta que llegué al final del castillo.
Todos hemos visto en películas un sitio recóndito del mundo que para los protagonistas sirve de lugar de referencia donde encontrarse o donde esconder algo, verbigracia, el banco de la iglesia donde el convicto de Pena de Muerte guarda su dinero y plano a la isla del caribe donde espera jubilarse. Pues bien, yo ya tengo sitio donde citarme con el futuro. Los turcos fueron echados de Budapest a finales del XVII, el visir que gobernaba la ciudad fue asesinado y enterrado con honores en un extremo del castillo, la inscripción en su tumba le califica como un enemigo pero hombre de honor. Cuatro cadenas y un rosal lo custodian. Gesto precioso el de estos Húngaros.
Me vi solo, frente a la tumba cubierta de nieve y el rosal sin flores y supe que algún día volvería a Budapest y volvería a verme frente a esa tumba y ese rosal, florecido esta vez, y quizá alguien me tocaría el hombro y diría:
- Has venido!

Posted by antonio at 09:01 PM | Comments (1)

January 03, 2008

Budapest

Tercer anochecer en Budapest. Ya me he fundido prácticamente todos los florines que traía y empiezo a tirar de la visa. Pero vale la pena.
Es una ciudad extraña, bonita y sucia, enorme pero solitaria, fría pero acogedora. Genera el desasosiego de ciudad sin espíritu que siempre imaginé que encontraría en las antiguas repúblicas soviéticas pero al mismo tiempo, vaya donde vaya, descubro que es el sitio con el alma más intensa que he conocido, con el permiso quizás de Nueva York.
Mi nuevo estado civil me llevó la semana pasada a Estrasburgo. Ciudad pequeñita al lado del Rin, preciosa, con gente educada, tiendas modernas y calles que parecen salidas de un villancico. Resumiendo, una ciudad perfecta en la que no viviría ni por un puesto en el Parlamento que acoge (horroroso por cierto) con dietas, sueldos taxfree y vida con las tres ces aseguradas. La ciudad no tiene alma.
Esto viene a cuento porque Budapest es lo opuesto: ciudad incómoda, antigua, sucia, pero que atrapa, enamora.
He venido solo. No conozco a nadie en la ciudad y contrariamente a lo que todos mis conocidos piensan no he usado hi5, icq, myspace, facebook ni nada que se le parezca para asegurarme una guía con ganas de practicar su español dando vueltas por la ciudad y quien sabe qué otras cosas dando vueltas por mi cama. Por más típico, cursi y pedante que suene, he venido a Budapest a estar solo. A pasear, descubrir mi primera ciudad de Europa del Este (Estambul, se pongan como se pongan los que no han viajado en su vida, no es Europa), acabarme dos libros y recuperar la costumbre de rellenar ginebraconhelio.
Aterrizo en Budapest a las 23H00, noche cerrada y todo nevado. No se ve un alma, el aeropuerto es pequeño y todo está oscuro, quiero creer que soy un espía americano aterrizando en la antigua Bucarest o en algún lugar perdido en el báltico, pero no soy capaz.
No voy a hacer una explicación lineal de mis experiencias húngaras. De hecho ya estoy acabando. Sólo quiero dejar por escrito que esta ciudad, tras sólo 48 horas en ella, me ha hecho sentir una mezcla de sensaciones extraña y genial. Tiene la monumentalidad de París pero sin caer en sus aburridas simetrías, las estatuas, las plazas, las farolas la hacen mucho más bella que la ciudad del Sena. Sólo en una cosa le gana la francesa: el Danubio es mucho más bello que el Sena, es inmenso pero mientras que París acoge el río, lo hace suyo, parece que nada tendría sentido sin él, en Budapest el Danubio es una frontera, literalmente parte la ciudad en dos. Budapest es Budapest desde finales del XIX, antes eran dos ciudades distintas Buda y Pest. Los Austríacos burocráticamente unieron las dos ciudades, pero no pudieron eliminar la separación física y psíquica que genera el río. El Danubio separa Buda y Pest como el Bósforo distancia Europa de Asia, parece que el río sea el punto de unión, cuando en verdad es la línea de división. De todos modos, entre París y Budapest, sin duda Budapest. Y que conste que París me fascina.
Leo en la lonely que Budapest es la pequeña París, no es cierto, si tiene que ser algo es la pequeña Nueva York. Pasear por sus avenidas es como pasear por el lower east o quizá el meat packing district. Incluso la gente tiene la misma actituda educada pero distante. Incluso el Danubio a veces recuerda al Hudson. Deben ser cosas de la geopolítica.
Las chicas (que uno quiera estar solo no significa que ponga en stand-by sus instintos) no tienen el estilo de las rusas o las bálticas pero siguen poniendo en su sitio (como todas las nacidas bajo el Pacto de Varsovia) a la muy liberales y liberadas occidentales. Cada día que pasa más me convenzo del daño que Zara, la MTV, Sex in the City y la BCN Fashion Week están haciendo en Europa occidental, ninguna de mis conocidas sea española, francesa, italiana,… es capaz de vestir con la mezcla de clasica y moderna que gastan nuestras paisanas orientales. Imagino que igual que los hombres nos hemos olvidado de cómo se lleva un sombrero o una capa, las chicas se han olvidado de cómo se lleva un corsé, una falda corta, una bufanda o un liguero. Espero que mi admirada globalización funcione por una vez de los pobres a los ricos.
Hay dos cosas que resaltan de las chicas en Budapest: la primera es que son casi todas delgadas y guapas, no la belleza espectacular de las rubias eslavas pero sí una belleza tranquila, morena, de ojos grandes y boca y nariz pequeñas; la segunda, y la que atonta de verdad, es que aquí las chicas miran a los ojos y aguantan la mirada. Nada de mirada seductora o agresiva, sencillamente te miran. Voy por la calle, literalmente, acojonado, cada vez que miro a una chica ella me devuelve la mirada hasta que yo dejo de sostenerla. Suerte que nunca me emborracho estando solo porque me meteria en líos.
Y hablando de líos, y para acabar, aviso a los navegantes que en solitario o en grupo decidan venir a esta ciudad a pescar: a según qué horas de la noche hay muchas chicas por la calle y en los bares con demasiado interés por saber de dónde vienes y a dónde vas. Mientras que más o menos todos reconocemos a una lumi, menos saben reconocer a un anzuelo y el milagro de una modelo interesándose en nostros puede fácilmente acabar en una mala experiencia con matones de discoteca y enormes facturas a pagar de por medio. Así que, como bien dice la lonely, si es tan bonita que parece mentira, probablemente es que lo es, osea, mentira.

Que me encanta Budapest.

Posted by antonio at 09:06 PM | Comments (0)

November 15, 2006

Ginebra Fall

It's not the first time I write it: Geneva still surprises me... Sunset in Les Bains des Paquis with her.

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Posted by antonio at 08:26 PM | Comments (0)

March 07, 2006

Túneles y Nieve

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Debe ser el sueño.
Hace semanas que no me apetece escribir, las prisas, los pisos, los papeles, los trenes, he tenido que bajar 100 metros bajo tierra, a la una de la madrugada y con dos red bulls en el cuerpo para sentirme con ganas de dar noticias. Voy a hacer honor al título de este blog, por una vez, y hablar de Ginebra y de Helio. Ginebra, a la que llegué ayer tras cuatro horas de tren desde París, a la que llegué hace 7 días tras diez horas de Micra desde Barcelona, a la que ya he llegado desde tantos sitios. Y el Helio, que pasa a sólo tres metros de mí, aún caliente, sólo 30 bajo cero, pronto estará a menos 270. Ahora quien manda aquí es el agua, el agua y el aire, los imanes siguen durmiendo, aún faltan meses para que los espoleemos y se pongan a rugir. Estamos afilando las lanzas, los convertidores, todos a corriente máxima, calentándo cables y trincheras, que a mí me toca revisar de tanto en cuando y si el sueño no me puede. Es muy curioso, a sólo unos metros de mí hay máquinas ensordecedoras moviendo energías capaces de derretir toneladas de acero, y en la pequeña sala de control, sólo separados del resto por una fina tela de plástico, los tres cerneros de guardia, operario, especialista y yo, dormitamos frente a los portátiles en la más absoluta calma.
El ruido es débil, agradable, el aire fresco, aunque no tanto como cien metros más arriba, en la superficie, donde hace una hora nevaba muchísimo y hacía un frío que despertaba más que mis red bulles, la luz es tenue pero suficiente, de vez en cuando me levanto, una vez a la hora, mido, paseo, curioseo. Si una de las 87 luces verdes que hay sobre mí cambiase de color tocaría ponerse en marcha, dejarlo todo e ir a arreglarlo, pero por ahora todo sigue verde, el tunel con este ruido silencioso, mis compañeros teclean, lentamente. Es muy curioso, aquí abajo las alegrías y problemas del exterior parecen amortiguados, no sé si será la hora, o será la profundidad, ha sido un día estresante, con cosas buenas, mi nuevo piso, y cosas malas, determinados taxistas que han hecho llorar a Raquel, pero es más de la una de la madrugada, me quedan cuatro horas aquí, y me siento feliz.

Posted by antonio at 01:05 AM | Comments (1)

September 21, 2005

Y verás el próximo...

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Lo de que la edad está en el espíritu y no en el cuerpo son gaitas. A no ser que uno se embarque en una nave espacial al 95% de la valocidad de la luz, 29 años son 29 años, ya se los pase uno viligilando cunas o vigilando barras. Se te cae el pelo, te arrugas, te cansas antes en las discos y encima soportas con mucha peor leche a los tontos, los cabrones, las estrechas y los cursis.
Dejo aquí una foto de hace justo un año, para que todo aquél que quiera comparar la mire, me venga a ver, diga que lo siente y me invite a algo.

Que falta me hace.

Posted by antonio at 05:39 PM | Comments (1)

July 02, 2005

Engañando bailarinas...

... que decía Alejandro...
Escribo esto con Ginebra de fiesta-luto por la marcha de Oscar. Os imagino como siempre. En la casa de Cornavin, sufriendo por los vecinos, tres molones por metro cuadrado, música que no se oye, el mercancías de las dos a París ahogando los susurros, chicas que no conocemos, chicos que no nos conocen, gente que se va, gente que acaba de llegar, el movimiento perpetuo, el paraíso de Dante: Ginebra.
Y yo, desde Barcelona, con mis amigos casados o en stand-by, os echo de menos.
Los diez, o quince o veinte, o dos (nunca fuimos un grupo estable) amigos, amigas, planeando, disfrutando, estudiando, la noche. Veladas tras una pasta increíble de Bobo, de Marco, de Cocco, de Mirko, discusiones sobre mujeres, sobre hombres, sobre política, sobre imanes... amistades lejanas de la costumbre, el pasado o la familia. Amistades basadas en la ambición, la carrera, el futuro, la soledad... amigos que se aman no por cuanto te dan sino por cuanto se te parecen. Doctores en física discutiendo sobre como conquistar a una eslovena, sobre como encararse con un croata provocón o sobre como hacer el amor con una coreana.
Algún día no quedaremos ninguno en Ginebra, y allí sólo habrá suizos que no sepan ni como quitarle decentemente la ropa a una niña... pensando que es ella (él) la que se la ha quitado. Que no sepan como ofrecer un whisky a un amigo. Que ignoren que algún día vivió allí un grupo de privilegiados, que fueron conscientes de su privilegio, y, sin olvidar su pasado, brindaron, orgullosos, por su presente.

Óscar, quede este post como homenaje y como advertencia:
Los vas a echar de menos.
Mucho.

Como yo.

Posted by antonio at 01:23 AM | Comments (2)

April 19, 2005

Resaca

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Les nuites dejan paso a las noches, a les nits.
Por lo menos el otro francotirador ginebrino se viene conmigo, y entre los dos, junto con el maestro de la noche, el teórico del golfeo, que ya nos espera, Barcelona olerá un poquito a la Vielle Ville de Ginebra.
Ya sé que tal y como está el tinglado lo que me debería estar pidiendo el cuerpo es el meterme con los totos del culo que el otro día, tras apalear a Santos Julià intentando meterle a Carrillo (no descarto que los confundiesen, dado el alto intelecto del ganao agresor), se dedicaron a pasear el águila y nuestras vergüenzas por el centro de Madrid. O el golazo que nos han metido a los buenos por toda la escuadra los malos en Euskadi mientras el árbitro miraba para otro lado recordando ese prodigio del cine contemporáneo que es El Presidente y Miss Wade. Entre los pesaos del puñito, los tontos del aguilita, y los malvados de la culebra, España se está poniendo de un interesante que ya no sé si lo que me da pena es el alejarme Ginebra o el acercarme a semejante pandilla.
La cuestión es que no me apetece lo más mínimo. Y que, como dice Mafalda, estos días quiero vivir sin darme cuenta. Me evito los cabreos (que precisamente a mí tenía que tocarme ser como yo) y de paso no enfado a mi padre al que no le hace ninguna gracia que llame hijoputas a los hijoputas (véase que hoy sólo les he llamado malvados).
Me apetece mucho más recordar el pasado viernes noche. Recordar lo que el whisky no tape, claro.
Las horas montando el evento, la sonrisa de Esther, el abrazo de Mirko, la señal de Federico, las broncas de Iván (suerte que él cuida de nosotros), la amiga de Raquel, el travolo de Luis, los diez mil cubitos de hielo, el descaro de Montse (y que todas fuesen como tú), la dulzura de María (dos doctorados gracias a ti), los altavoces que nos hemos cargado y aún no nos hemos atrevido a devolver, los misiles aire-tierra de Álex y Bobo, las parejas escondidas, los besos furtivos, el humo (legal e ilegal), el house, la salsa, el frío, la nieve, el regreso, la resaca, seis años en una noche... Ginebra.
Y Óscar y yo nos vamos. Jurándonos mutuamente, que volveremos para cada fiesta. Y cuando ya no queden fiestas, porque todos nos hayamos ido, nos juntaremos los que podamos y seremos aún más canallas, y si estamos solos y no hay nadie cerca con quien brindar, nos serviremos una copa y besaremos en los labios a la primera que pase por la calle.
Por nosotros.

Posted by antonio at 03:22 PM | Comments (5)

April 01, 2005

Viernes Triste

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Se nos va el Papa.
Escribo esto con el Papa agonizando. Con todo el planeta mirando, como hace siglos, hacia Roma.
Tengo una lista de hombres vivos a los que respeto con devoción. Lista de modelos, de personajes en los que intento verme reflejado cuando tengo que tomar alguna decisión o afrontar un problema. Hombres a los que pongo en mi situación cuando mi situación está hecha unos zorros y pienso en qué harían ellos.
Esta lista, por descontado, la encabeza mi padre, el cual si en vez de ser hijo de Los Santos de Maimona fuese hijo de la Gran Bretaña hace años que su Graciosa Majestad le habría nombrado Sir, y el sería Sir Anthony y mi madre Lady Marian, y yo vacilaría mogollón delante de mis internacionales colegas. Pero bueno... hay países llenos de gente lúcida y países llenos de gilipollas, qué se le va a hacer.
Pero me desvío. Se nos muere el papa. Y yo, que además de liberal, antinacionalista y cuasiconvicto soy católico (carguen, apunten...), también tengo al Santo Padre en mi lista.
Aunque discrepe con él en varias de las cosas que defiende (las cuales ahora no vienen a cuento), la imagen que tengo de él es de un hombre fuerte, bueno, luchador, seguro de sus ideas (que en su mayor parte son las mías) y al que le importa literalmente un carajo el qué dirán.
Luchó contra el comunismo y él solito, con dos más y con un par, se lo cargaron de raíz. Los soviéticos, que lo sabían, intentaron liquidarlo, pero ni lo mataron ni lo asustaron.
Cuando finiquitó a los malos se encaró con el capitalismo descarnado (que nada tiene que ver con el capitalismo liberal que yo aquí me he hartado a defender) y se le mosqueó otra vez medio planeta.
Así, pasito a pasito, no ha parado hasta hoy. Predicando que, por encima de lemas atontolinados que pretenden cambiar el mundo para que todo siga igual, existen actitudes luchadoras, inteligentes, que recuerdan a los poetas clásicos, a los novelistas de nuestro barroco, a los librepensadores del dieciocho, que no se atrincheran en la estética para revolucionarnos la ética. Y aún a riesgo de convertirse en el blanco de los idiotas que se creen en posesión de la superioridad moral, no cesan de recordarnos que la historia no empezó ayer, que Europa, y todo Occidente, vienen de Grecia, Roma y la Cruz. Que hace ya veinte siglos un barbudo en los confines del mundo conocido enseñaba que los hombres nacen y mueren libres.
Es por eso que en mi lista este papa se encuentra muy pocos puestos por debajo del líder indiscutible. Un Papa que me recuerda a mi yaya, que lucha por seguir viviendo y por seguir siendo útil, demostrando que vale la pena vivir un día más aunque sólo sea para poder mantener los ojos abiertos e iluminar con la mirada cansada por 85 años de lucha la mirada de un niño de 28. Una mirada que, como la de mi yaya, enseña a no temer a la muerte y a afrontar la vida por más perra que esta se ponga sabiendo que los que te han querido y ya no están siguen viéndote, asintiendo cada vez que triunfas y soriendo con cariño cada vez que metes la pata.
Me han dicho que las campanas de toda la Cristiandad doblarán a duelo en cuanto Juan Pablo II muera. Vivo junto a una iglesia y esta noche hay fiesta en mi casa. Quizá oiga ese doblar durante la juerga. Sin parar la música, sin mirar a nadie, me serviré una copa y, pensando en mi yaya, brindaré conmigo mismo por Su Santidad.
Requiescat in Pace.

Posted by antonio at 04:53 PM | Comments (2)

January 19, 2005

From my bedroom.

I usually detest the dawn. It doesnt matter if I see it from the bed, from a plane or leaving a club. I just hate it as much as I love the dusk.

But...
Sometimes...
it's worthy to be awake.

This morning Esther woke me.
And Geneva woke me up.

I will miss them.


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Posted by antonio at 03:02 PM | Comments (1)

December 20, 2004

Desmintiendo New York

Me voy a Nueva York por necesidad. A desmentirlo.
Tardé años en desmentir Ginebra. La ciudad gris, aburrida y arisca me resultó durante mucho tiempo un sitio de paso, una sala de espera perfectamente adornada, con camareras sirviéndome todo lo que se me antoje, con mullidos sillones y música magnífica donde pasé años mirando de reojo hacia la puerta que daba al gran salón donde se suponia encontraría lo se espera debe buscar un buen ingeniero, buen chico y buen novio.
Me equivocaba.
La sala de espera era, es el salón. La ciudad desde luego no ha cambiado, han cambiado mis ojos, y he cambiado yo.
La puerta se ha abierto y toca cambiar de sala de espera (ahora sé que no existen salones). Llegué a Ginebra siendo yo Barcelona, ahora soy yo Ginebra y no tengo ni idea de quién es Barcelona. Espero también desmentirla mientras sigo mirando de reojo a una nueva puerta, o a dos porque ahora ya siempre habrá una puerta en mi vida que dé al aeropuerto de Cointrin.
Pero hablaba de Nueva York. Prácticamente no la conozco, aún así del mismo modo que estoy convencido de que Barcelona no soy yo, sé que Nueva York sí lo es. El único sitio que se me ocurre, junto con Ginebra, en que no miraría de reojo ninguna puerta. La única ciudad donde, como en Ginebra, los espejos no los vería en las paredes sino en las luces rojas y ámbar reflejadas en el asfalto mojado. Por eso tengo que ir a Nueva York antes de que acabe el año y las cosas pasen a ser un poco menos reversibles: para desmentirlo.

O quedarme.

Posted by antonio at 01:34 AM | Comments (1)

November 23, 2004

Estambul

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Verano 2004. Como el pirata de Espronceda pero mejor acompañado.

Posted by antonio at 02:17 AM | Comments (4)