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December 10, 2012

Mentiroso

Hoy me lo han llamado tres veces.
Queremos vivir nuestros sueños, tener vidas de leyenda, días deliciosos con noches pasionales e historias hermosas que contar a nuestros nietos cuando seamos abuelos. Decimos por ahí que queremos ser especiales, encontrar a esa persona única con la que todas las horas serán una aventura y cada amanecer la portada de un libro en blanco. Y sus besos el bolígrafo. Lo soñamos, lo pensamos, lo proclamamos... y luego nos vamos a Ikea.
O a la playa, o al monte, que lo mismo da.
No hay leyenda sin mentiras ni hay amor de cuento en el Ikea.
La historia más bonita, la relación más prometedora deja de ser legendaria en el momento en que una mañana de sábado alguno de los dos saca al otro de la cama porque hay que elegir unas cortinas, o decidir qué coche comprar o arreglar los estantes del trastero.
Puede haber amor y felicidad con rutinas mas no leyendas.
Así que no queda más que elegir: o vivimos el sueño o vivimos en la comodidad de los días planificados y las agencias de viaje. Pero los dos no se puede.
Me lo han llamado tres veces. Tres personas distintas. Personas a las que nunca mentí en lo esencial y si lo hice en los detalles fue para salvar la memoria de un sueño que en unos casos duró unas horas y en otros meses. Y lo volvería a hacer... ocultar la verdad para que perviva lo hermoso. Las horas que charlando frente una vela, abrazándonos en un sofá o callándonos bajo una sábana hicimos que todo volviese a cambiar para siempre. El amor en su estado más sencillo y original: preferir estar con ella que con cualquier otra, aunque solo sea por unas horas, por unos meses o por una vida. El sólido convencimiento sin pliegues de que quizá ella no es definitiva pero es única y que sus besos te hacen a ti especial y tan único como tú la estás haciendo a ella.
Sentimiento auténtico que no por desaparecer al amanecer o a los diez años deja de ser verdadero y a cuya sucesión gentes como yo le llamamos amor. Desengañémonos, es metafísicamente imposible sentir lo mismo por tu pareja en los postres de una cena en una terraza frente al Bósforo tras dos botellas de vino esperando la grappa que acabas de ordenar, que escogiendo un taburete alto en el Ikea. Para algunos el amor es ilusionarse por el taburete solo porque ella está a su lado eligiéndolo con ellos, para mí el amor es intentar que entre la grappa y la siguiente cena pase el menor tiempo posible, y el taburete lo escoja con otro.
Y no es que entre noches y terrazas me desenamore, es que no quiero que una silla con tres patas me joda el sabor que me ha dejado esa cena. Es que no hay placer alguno en hartarse a garbanzos mientras esperas a que te alcance para volver a comprar caviar. Al menos no lo hay para mí.
Y si no quieres comer garbanzos no te queda otra que tirar de alguna mentira esperando a poder volverle a ofrecer el caviar. Y ahí se complica el asunto, y ahí vienen los malentendidos.
Siete chicas siete han roto conmigo en tres años: una el día antes de exiliarme de Ginebra dejándome en la calle con lo puesto, un casco y mi moto, otra durante una noche en París antes de ver Madame Butterfly (la música que sonó en la radio despertándonos la primera vez que pasamos la noche juntos), la tercera tras dos años de amor en la distancia una nochevieja ginebrina donde de cruzar el año en el Kempinsky con ella (y caviar) pasé cruzándolo con champan caliente sobre un puente donde por poco me mato hace 7 años (por borracho). La cuarta me dejó porque mientras las mentiras que escribía en mi blog la enamoraban las que le decía por sms le hacían odiarme. Y así hasta siete.
Mentiras que tras crear el amor lo mandaron a la mierda.
Mentiras, leyendas, que hacen a los soñadores despertarse sin compañía pero que les empujan a levantarse de la cama para intentar volver a casa por la noche acompañados. Haciendo que todo vuelva a empezar.

Feliz 2013 y que la vida siga siendo una aventura.

Posted by antonio at 01:31 AM | Comments (0)