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February 05, 2012

Leonardo

Mi cómplice y su marido no me dejan poner fotos de él en Facebook, así que no me queda otra que ponerlo por escrito. Y como en ginebraconhelio no me controla ni los que han metido en chirona al gordito aquél de los megauploads, me puedo desahogar.
Total para explicar que cuando le miro se me derrumban muchas de las ideas con las que me muevo por el planeta. Me salí de la vida que se espera de un ingeniero en la treintena a los pocos meses de entrar en ésta por culpa de una mujer que me quería siempre que fuese lejos y de muchas otras que me querían de mucho más cerca pero sin darme lo que me daba la lejana. Y cuando unas empezaron a dármelo yo ya me había vuelto a ir lejos. Y de yoyó sigo.
Hasta hace cosa de medio año ese ir y venir, ese entrar y salir, me servía de analgésico de la inestabilidad, del despertar acompañado los domingos y solitario los miércoles. Del que nadie dependiese de mis tonterías y, sobretodo, de que mis sueños de adolescente dejasen de joderme los orgasmos de juventud.
Leonardo me recuerda a esa manera de soñar, o de escaparse, que viene a ser lo mismo. Esa inconsciencia que se instala en los que sabemos que hagamos lo que hagamos siempre tendremos a alquien que nos pare la caída, que nos bese las heridas cuando de tanto tensar la cuerda ésta se cabe rompiendo y con ella nuestro día a día se vaya a tomar por saco.
Esos pocos afortunados como Leonardo, como yo, que podemos ir por la vida haciendo piruetas y riéndonos de nuestra suerte sabiendo que al final todo va a salir bien, que no hay que preocuparse de que mañana todo se vaya a la mierda.
Porque, pese a que seguramente no nos lo merecemos, tenemos a la mejor mamá del mundo.

Posted by antonio at February 5, 2012 02:41 AM

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