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February 20, 2012

Dignas razones para que a uno le partan la cara

Me enseñaron que tenía que hacer de mi vida algo maravilloso. Que no habría sitio para las quejas, los lamentos o las excusas. Que no llegaría a ningún sitio esperando a que otros lo hiciesen por mí. Que era un afortunado por vivir donde vivía, con quién vivía y como vivía, sin excesos pero sin estrecheces. Que ellos pondrían las condiciones pero el esfuerzo, la voluntad y los sueños dependían de mí y que no aceptarían que no luchase por todo lo que podía alcanzar.
Me enseñaron que no era el dinero, los honores o los premios los que me harían sonreir al meterme en la cama cada noche, que ninguna fortuna es comparable a esa íntima sensación de saber que se está haciendo algo bueno y que, salga bien o no, al menos nos estamos dejando los cuernos y en muchos casos los morros. La tranquilidad intelectual de saber que no debemos nada a nadie mas que a los que nos quieren y nunca nos van a pedir cuentas.
Me enseñaron que el mundo no se cambia con quejas, con gritos o con violencia. Que la revolución se hace leyendo, estudiando y hablando. Que los gritos y la masa son las herramientas de los malvados para controlar a los estúpidos y que aunque fuera del campamento a veces hace frío y llueve, vale más la soledad que el aliento de la fácil compañía. Que la única manera digna de que te partan la cara es por una mujer y en solitario.
Mientras otros instruian a los suyos en las bondades de ahorrar, comprar un piso, invertir y estabilizarse, ellos me enseñaron a tomarme el planeta como mi patio de juegos, a ser valiente, a no conformarme y a recordar siempre que la vida se acaba y solo nos llevamos al otro lado la satisfacción de lo que creamos e hicimos sentir.
Gracias a lo que me enseñaron he trabajado en las fantasías que soñaba de pequeño, y no lo he hecho nada mal, he vivido en los castillos que quise conquistar en mis lecturas y he besado a las princesas que fantaseé con enamorar algún día. Sin absolutamente más ayuda que sus consejos, su cariño, su apoyo y su insistencia. Exactamente las mismas condiciones de esos compañeros míos que cuando yo y mi cómplice, y otros tantos que hoy respeto y quiero, quemábamos las naves y nos lanzábamos a solitarias noches, tenebrosos exámenes y oscuros países sin más compañía que la de un par de libros y nuestros santos cojones, ellos nos hablaban de las noches de chicas, compadres, pisos nuevos y sueldos eternos.
Se acabó la fiesta y hoy arden las calles en manos de los que no tuvieron la suerte de que alguien les enseñara lo que ellos me enseñaron a mí. De los que se creen que el futuro es un derecho y no una conquista, la felicidad una exigencia y no un fin. De los que se creían que aquí había barra libre, sin darse cuenta de que la humanidad no mejora a golpe de grito, eslogan o sentada, sino gracias a que algunos aún enseñan a sus hijos que solo con esfuerzo y honestidad se hace mejor la vida de uno mismo y, sobretodo, la del que no tiene nuestra suerte.
Me enseñaron mis padres que el progreso y la justicia no se gana en la calle enfundados en pasamontañas y a gritos sino en las bibliotecas, a cara descubierta y en la mayor parte de los casos sin tan siquiera separar los labios. Que los gritos y revolcones mejor en la cama, con menos público y mejores fines.

Posted by antonio at 11:16 PM | Comments (0)

February 05, 2012

Leonardo

Mi cómplice y su marido no me dejan poner fotos de él en Facebook, así que no me queda otra que ponerlo por escrito. Y como en ginebraconhelio no me controla ni los que han metido en chirona al gordito aquél de los megauploads, me puedo desahogar.
Total para explicar que cuando le miro se me derrumban muchas de las ideas con las que me muevo por el planeta. Me salí de la vida que se espera de un ingeniero en la treintena a los pocos meses de entrar en ésta por culpa de una mujer que me quería siempre que fuese lejos y de muchas otras que me querían de mucho más cerca pero sin darme lo que me daba la lejana. Y cuando unas empezaron a dármelo yo ya me había vuelto a ir lejos. Y de yoyó sigo.
Hasta hace cosa de medio año ese ir y venir, ese entrar y salir, me servía de analgésico de la inestabilidad, del despertar acompañado los domingos y solitario los miércoles. Del que nadie dependiese de mis tonterías y, sobretodo, de que mis sueños de adolescente dejasen de joderme los orgasmos de juventud.
Leonardo me recuerda a esa manera de soñar, o de escaparse, que viene a ser lo mismo. Esa inconsciencia que se instala en los que sabemos que hagamos lo que hagamos siempre tendremos a alquien que nos pare la caída, que nos bese las heridas cuando de tanto tensar la cuerda ésta se cabe rompiendo y con ella nuestro día a día se vaya a tomar por saco.
Esos pocos afortunados como Leonardo, como yo, que podemos ir por la vida haciendo piruetas y riéndonos de nuestra suerte sabiendo que al final todo va a salir bien, que no hay que preocuparse de que mañana todo se vaya a la mierda.
Porque, pese a que seguramente no nos lo merecemos, tenemos a la mejor mamá del mundo.

Posted by antonio at 02:41 AM | Comments (0)