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April 23, 2011

Friday night thoughts II

Pasiones. No sé si son la sal de la vida, pero la hacen interesante. Para bien o para mal. Tiendo a pensar que son buenas cuando nos hacen mejores y dañinas cuando nos estrechan las miras o nos apartan de la felicidad. A éstas últimas prefiero llamarlas obsesiones o fanatismos, aunque los que las sufren nunca las cosiderarán como tales. Las tengo y las sufro de todo tipo, en mis carnes, en los que me rodean y en los que me putean.
Las hay que duran dos horas y las hay que cuando empiezan no acaban. Las hay que te enorgullecen o que te dan envidia.
Esta semana las he vivido de todo tipo. En ese amigo italiano de vida más perdida aún que la mía, que ha encontrado unos ojos asiáticos en la ciudad más esnob del mundo que, para su desgracia, ni le dejan dormir los miércoles ni, para su alegría, le dan descanso los sábados. Creo que la última vez que durmió más de tres horas seguidas aún era invierno. Pero él es feliz.
Pasiones como las de esos retos futboleros con los que no me identifico mas que en la curiosidad intelectual de ver cómo me sonrío ahora cuando el eterno rival pasa por la piedra al club de mis amores. Ése al que tanta mierda nacionalista acumulada durante años en mi tierra ha hecho que muchos nos pasemos al rival. La misma mierda que no habiendo sumado ni un solo seguidor pero mandando a muchos al otro lado sigue siendo objecto de orgullo de tanto paleto estatutario. Independentistas ahora. Me repito pero es lo de siempre: ni mis paisanos ni los vascos copulan lo que es debido, y así nos va. Yo cuando era culé también era virgen. Ahora ni una cosa ni la otra. Y así me va.
Pero me desvío.
Business is business y, salvo éxitos, no me gusta mezclar el trabajo en este blog. Pero hay veces que el frío de los números, las reuniones, los viajes y los contratos da paso momentáneamente al cabreo, el pique y la pasión. Tras unas cuantos gintonics y no pocos empujones de mi parte, uno de mis colegas salamantinos mostró en un mail al resto de españoles en iter el lado pasional de lo que hacemos: la fusión la lograremos antes o después, pero la lograremos por nuestros cojones. Yo he empezado a recoger firmas para que ése y no otro sea el lema que se inscriba en la entrada de nuestros headquarters.
La crisis nerviosa de mi amiga Alya ante el enorme salto en su trabajo y el miedo tan familiar de dejar el confort para jugarse la carrera arriesgando a que te partan la cara y sin nadie que cubra tu caída. Las primeras pataditas en el interior de la barriga de mi cómplice. La borrachera amnésica y terapéutica con mi amigo Luis haciéndonos aún más populares entre la mala gente de mi pueblo.
Y finalmente mi pasión más tranquila, la que da nombre a esta categoría del blog. Acabé de leerme 1Q84 de Murakami hace unos días. Lo empecé poco antes del desastre japonés. Mientras el libro me hablaba de Tokyo, Japón se venía abajo. Mientras me enamoraba de Aomame explotaba Fukushima y mientras llegaba a sus últimas páginas recibía llamadas de mi amiga japonesa-peruana explicándome que no aguantaba más en la capital, que se mudaba a Kyoto hasta que pasase el temporal y que por favor le explicase lo que era un milisievert.
Más abajo en este blog explico lo que fueron mis diez días japoneses del año pasado y cómo me enamoré de Tokyo en unas horas. A la tristeza de ver en la tele lo que ocurría se unió la angustia de leer los mensajes solitarios de esa camarera asustada.
Lo peor ha pasado y yo me he acabado el libro. Al día siguiente lo he metido en un sobre y se lo he mandado a Keiko. Porque se lo había prometido a ella, pero sobretodo porque se lo debía a Tokyo.
Pasiones que, éstas sí, valen la pena.

Posted by antonio at April 23, 2011 01:07 AM

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