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October 07, 2010

La Niña Mala

Hará unos cuatro años. Solía cogerme fines de semana de tres días para pasar al menos cuatro noches con mi novia. Llegaba a Madrid el jueves noche y me levantaba resacoso a mediodía del viernes para esperarla paseando por las calles del Madrid antiguo. Me encantaba entrar en el Prado para ver sólo tres o cuatro cuadros, apoyarme en los leones de la Carrera de San Jerónimo o sencillamente ver pasar la vida con alguna tapa y muchas cervezas en algún cañas y tapas del barrio de las letras. Esa típica mañana fría del inicio de invierno madrileño paseaba por la cuesta al oeste del Retiro cuyo nombre nunca recuerdo pero que es famosa por estar llena de librerías callejeras de viejo y de nuevo.
Compré el libro, como tantas otros, porque el nombre del autor me sonaba y la edición era bonita, empecé a leerlo al cálido sol del inicio de esa tarde fría y ya nada fue igual.
Habla de la vida de un niño bueno enamorado. Habla de París, de Perú, de Ginebra, de Madrid, de Tokyo. Habla del amor y los fantasmas que por más que nos movamos no se salen de la maleta, que vienen con nosotros a todos lados, que nos vacían el pecho por las noches y los echamos de menos cuando nos dejan en paz. Habla de lo larga que es la vida y las pocas cosas que perduran hasta el final. Habla de esas amadas que nos marcan para siempre y esas extrañas que nos salvan por unas horas del vacío de una noche, y una mañana, solitarias.
Habla de las cosas más tristes del mundo y para mí, sin duda, es la historia de amor más bonita jamás escrita en castellano.
Se la he recomendado a decenas de amigos, colegas, desconocidos. Pero se la he regalado solo a cuatro personas. Por motivos muy distintos. Mi hermana pequeña lloró cuando acabó de leerla, Esther aún me la pone de excusa cuando le cuento mis dramas y Lea aún me llama niño bueno cuando me escribe, cuando me cuida y cuando me riñe. Hace pocas semanas se lo envié por correo a otra amiga que está aprendiendo español. Es una chica morena de la que ya he hablado en este blog, con ojos del polaca, maneras de rusa y acento francés. Es de esas pocas personas que me ha conocido como amigo, como enamorado y como amigo otra vez, y por eso nos queremos tanto.
Habíamos bebido bastante y mientras yo miraba a las guapas y ella miraba a los guapos nos cogíamos de la mano. Se había acabado su vaso y no quería que fuese yo el que le pagase el siguiente. Antes de soltar mi mano se giró y al oído me dijo: me he acabado tu libro, ahora entiendo nuestra historia de amor.
Se fue a amar a otro, y a mí me dejó sonriendo.
Leí mi primer libro de Vargas-Llosa en las playas de Ibiza, el segundo en los bares de Ginebra y el tercero en un fin de semana largo en Madrid.
Hoy le han dado el Nóbel y ya nada será lo mismo. La niña mala dejará de ser mi secreto público con esas cuatro mujeres y ya todos la conocerán. Pero a mí siempre me quedará esa noche en que una amiga me dijo en un ruidoso antro ginebrino gracias a esas páginas preciosas que por fin entendía nuestra historia de amor.
Esta noche soy mucho menos original pero el mundo es un poquito más justo.

Posted by antonio at 11:39 PM | Comments (0)