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July 18, 2010

Pueblos, aldeas y libros.

Hace un tiempo me propuse no ensuciar demasiado este blog con temas políticos. Me gusto mucho más cuando hablo de chicas, de física, de amigos, de lo que aprecio, que cuando hablo de política. Voy con más cuidado, soy más yo. La política me gusta, pero me encabrona y me hace decir cosas de las que luego acostumbro a arrepentirme. Así que en vez de hablar de esos catetillos que la semana pasada se pasearon por Barcelona reclamando su derecho a ser un pueblo (que tiene cojones querer ser un pueblo) preferiría escribir sobre mi semana inglesa. Pero no me sale.
Nunca he criticado el derecho de cualquier paisano a defender que a mi pueblo le iría mucho mejor fuera de España que dentro de ella. Creo que es un error, pero políticamente puedo estar equivocado. Lo que me enciende es que la cosa acostumbra a volverse personal y con ello empiezan los llantos y las penas.
Se me ha llenado el facebook de mensajes de amigos decidiendo volerse independentistas de pro por haberse sentido atacados y humillados como pueblo (repito: tiene cojones sentirse pueblo, si al menos fuese ciudad...). Al puro estilo Hommer Simpson: lo que no entiendo lo rompo. Y cuando no me dan la razón me da la pataleta.
No hay razones, no hay números, no hay argumentos, solo la rabieta del nosotros y el ellos, el yo y el antiyo, del pues si no me lo dais todo me enfado y me llevo el escatergories.
Y esto a qué viene?
A que ayer me vi a mí mismo, un español de infantería que vive en Francia, mandando desde Inglaterra un libro escrito en ruso a una amiga rumana que vive en Suiza. Y me alegré de que nadie pudiese nunca atacar al pueblo al que pertenezco porque, gracias a Dios, yo solo me pertenezco a mí mismo, a los que me quieren y a los que me cuidan. Y porque, al revés de los que se manifestaron el otro día en Barcelona, yo soy libre, porque soy Europeo, una Europa que por fin empieza a civilizarse, a globalizarse, a volverse divertida. Y soy Europeo porque nací en España. Una España con su historia, sus lenguas y sus dramas que por fin, con todos sus problemas, se ha convertido en un país (no un pueblo, por Dios!) europeo. Donde el que no se encuentra a gusto es porque no quiere encontrarse y utilizará hasta la aurora boreal para desidentificarse. Una España que, pese a lo que nos gobierna, permite a sus ciudadanos disfrutar de Europa sin tener que sentirse nada. De una España tan generosa que no da la espalda ni a los eternos traidores que se quieren aprovechar de ella y al mismo tiempo destrozarla. De una España que no es un pueblo, ni una nación, ni un destino común, ni ninguna de esas historias fascistas que tanto aprecian mis paisanos cuando se aplican a Cataluña. Una España que es sencillamente cuarenta millones de personas convencidas de que juntos se hacen mejor las cosas que por separado. Aunque haya medio millón (que no son más) dando por culo con lo de la independencia. En serio, que se vayan, dejen de joder, se independicen y nos olviden. Por lo menos nos ahorraremos las rabietas.
Y así quizá un día me convenza de que nací en un país de ciudadanos libres y no en un puñetero pueblo de llorones.

(Nada... que no logro hablar de tías...)

Posted by antonio at July 18, 2010 06:43 PM

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