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March 04, 2010

En las noches más oscuras se pueden ver las estrellas

En este planeta hay gente buena, gente mala y la mayoría.
Los malos acostumbran a hacerse notar más que el resto, dan por culo al prójimo siempre que pueden y por lo general no alcanzan a hacer la o con un canuto. Hay malos listos, pero honestamente creo que menos de los que nos creemos. La mayoría de cabrones que se cruza uno por la vida no pasan de ser tontos con suerte. Y muchas veces ni con suerte. Tontos sin más. De infantería que diría el Reverte.
Luego estamos la mayoría, que hacemos lo que podemos, intentando hacer feliz a los que queremos y a nosotros mismos sin joder al de al lado, o al menos intentando fastidiarle lo mínimo posible. La gente majeta de toda la vida. Metiendo de vez en cuando la pata y haciendo alguna putadilla que otra cuando nos calientan, pero con poca malicia y menos mala leche. No somos santos y aplicamos lo de que Cristo dijo hermanos pero no primos.
Finalmente están los buenos. Los que ni a drede son capaces de molestar al de al lado. Los que sabemos que están ahí absolutamente siempre. Hay quien dice que son los inocentes o los naif, yo creo que son los fuertes. Los que no tienen miedo a olvidarse de sí mismos porque saben que pueden cargar con todo. Los que no son felices si el de al lado está serio.
Conozco a pocos, cuatro me vienen a la cabeza y por algún motivo que creo conocer son todo mujeres. Una es mi mejor amiga, otra anda perdida por el planeta, y la tercera es la madre que me parió.
La cuarta lo está pasando mal estos días. Cuando menos te lo esperas el universo pega un zarpazo y araña a quien creíamos intocable. Al principio te desesperas, te cabreas y te ciscas en el destino por tocarle las pelotas a quien jamás haría daño a nadie, en vez de joderle la vida a tanto mamón con pintas. Pero cuando te calmas descubres que quizá al fin y al cabo algo de justicia haya en que ciertas cargas le caigan a los más fuertes, a los que seguro que las superan, a los que, de tanto cuidar de nosotros, por una vez pueden sentir que somos nosotros los que cuidamos de ellos.
A esos que, con tal de no preocupar a los que quieren, saben llevar con una sonrisa, lo que la mayoría no sabríamos asumir ni con llantos.
Es mi prima, mi madrina y mi amiga. Y aunque este momento sea difícil, ella sabe que no es más que el corto preludio antes de que empiecen los mejores años de su vida.
Y con ellos los de la nuestra.

When it is dark enough, you can see the stars

Posted by antonio at March 4, 2010 11:41 PM

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