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June 17, 2009

Esclavos en Mataró

Hasta hoy estaba convencido de que Cataluña es una de las zonas con menos libertad y respecto por los derechos civiles de sus ciudadanos de Europa, un país donde por pensar diferente a la mayoría o usar la lengua distinta a la de su casta política se te señala, se te insulta o se te multa y demoniza. Una tierra que no puedo dejar de querer, porque es la mía, pero en la que no me siento agusto sencillamente porque mis ideas no son bienvenidas. O te involucras en la construcción de la mítica nación catalana o te vas. Lo dice el Estatut. Una tierra donde denunciar una injusticia de manera pacífica y civilizada se considera un ataque a la convivencia contra la que cualquier violencia, física o intelectual, está permitida.
Pese a todo, lo que de verdad no me esperaba es que además de perseguir la libertad, en mi mismo pueblo sobreviviese la esclavitud. Casi medio millar de personas llevaban años viviendo a solo un paseo de donde viven mis padres, a un tiro de piedra de mi colegio, en la pura esclavitud. No me gusta ponerme como ejemplo para nada, tengo más vicios que virtudes y no soy nada buen chico cuando mis padres o mis jefes no miran, sin embargo, si yo tuviese la más mínima responsabilidad de gobierno en mi Ayuntamiento, en mi Parlamento o en cualquier cargo público de ese tripartito que nos gobierna, hoy tendrías serios problemas para irme a la cama. Hoy no podría quitarme de la cabeza que mientras yo me preocupaba en eliminar la tercera hora de castellano en las escuelas, en luchar contra cualquiera que pida que el castellano tenga la misma (y la misma significa la misma) presencia en las aulas que el catalán, cuando gastaba mis horas laborales en pelearme porque Cataluña esté mejor financiada que Extremadura, en que Puyol juegue en la selección catalana de fútbol y no en la española, en abrir embajadas inútiles en países donde se ríen de nosotros por paletos, en maquinar para que en la tarjeta de la seguridad social no aparezca el número de la seguridad social, en creerme moral e intelectualmente superior al vulgo para poder así decidir a qué colegio tiene que mandar cada padre a su hijo, mientras, en definitiva, yo perdía el tiempo haciendo política basura que en nada ayuda al ciudadano y si acaso le hace la vida más difícil, un 0,5 por ciento de los ciudadanos de Mataró vivían en la esclavitud. Eran esclavos.
Hoy me avergüenzo de mi tierra, me queda el consuelo de saber que al menos yo no voto al tripartito.

P.S. Espero que por lo menos tengan la decencia de borrar lo de "cruilla de cultures" de los carteles que el ayuntamiento ha repartido por todo el pueblo.

Posted by antonio at June 17, 2009 09:14 PM

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