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May 19, 2009

Eurovisión

Como dice hoy el Gistau en su artículo de El Mundo: pues qué queréis, a mí me mola. Últimamente la noche de Eurovisión no me da más que alegrías y la espero con más ganas que mis ex-compañeros culés esperan esa final de Roma en la que la nueva Armada Invencible va a vengar lo del XVI y pasar por la piedra a la pérfida albión (jeje).
La gala de Eurovisión es divertidísima. Y lo digo sin segundas.
El año pasado yo y dos más organizamos una fiesta en casa para intentar ligarnos, respectivamente, a una serbia, una francesa y una croata a las que diez días antes habíamos logrado sentirse interesadas por nosotros demostrando en una salecta discoteca ginebrina cómo se baila el chikichiki. Se rieron, aceptaron la invitación y montamos la fiesta para ver a un chiquilicuatre que acabó teniendo tanto éxito como nosotros, o sea, ninguno. Acabamos a las cinco de la mañana en un mal antro ruidoso llorando nuestro fracaso y buscando consuelo en las victoriosas rusas a las que días más tarde acabaríamos consolando nosotros en esas noches de gloria y ligue eurocopero. Pero eso es otra historia.
Este año ha sido más tranquilito.
Me tragué Eurovisión con mi princesita rusa desde el mismo sofá pero sin público esta vez. Con las mismas intenciones pero menos triquiñuelas. Ella entre vodka y vodka me explicaba las imágenes de Moscú, y yo, entre whisky y whisky, pensaba quien te ha visto y quien te ve, Antoñito.
No sé si sería el vodka, el whisky o mis artes culinarias, pero nos lo pasamos en grande, entre el griego saltarín, la alemana del escote, el peinado del lituano y el vestido de la rusa, nos dieron las doce y se fueron al garete los planes de cabaret ginebrino.
Lo único malo: que al final el vodka hizo su efecto y se quedó dormida encima mío, con lo que, atrapado y a dos metros del mando, por no despertarla me tuve que tragar la tertulia de TVE donde grandes sabios estadistas pedían poco menos que la salida de España de la UE por crímenes de lesa patria. Hice como que tosía, se despertó y pude por fin apagar la tele, irnos a la cama, y dormirnos mientras tarareábamos entre risas el estribillo del noruego del violín.
Que al fin y al cabo para eso sirve eurovisión.

Posted by antonio at 08:17 PM | Comments (0)