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March 29, 2009

El Ladrón en la Casa Vacía

Anoche, entre el dizziness del whisky, la melancolía de lo último de Antony & the Johnsons, los consejos golfos de mi amigo Luis en el chat y los esemeses a una rumana morena con ojos de polaca, maneras de rusa y acento francés, me acabé las memorias de Jean-Francois Revel.
No imagino mejor escenario para terminar un libro así.
Las ideas de uno de los hombres por los que los liberales modernillos como yo sentimos cosquilleos en el bajo vientre cada vez que nos lo mentan no me sorprendieron porque las conocía muy bien. Me he peleado con más de uno defendiéndolas. Lo que sorprenden son los cotilleos, la explicación detallada de la vida privada de uno de esos sabios que siempre imaginamos dando doctas charlas sin acordarnos de que también comen, desayunan, pagan facturas y sufren cuando no les besan.
Cuenta Sabina cuánto se sorprendió cuando empezó a escribir poesía y dejó de tratar con músicos (ya se sabe, rock, drogas sexo y todo eso) para empezar a tratar con poetas. Esperando encontrarse a finolis afeminados sobreexcitados por el olor del jazmín en abril, se dio de bruces con una panda de golfos que hacían que los malos chicos del punk pareciesen poco más que seminaristas pajilleros.
Lo dije hace años y lo repito ahora más convencido si cabe, otra sorpresa se llevaría Sabina si dejase de tratar poetas para empezar a vérselas con los serios funcionarios internacionales trabajando como ingenieros nucleares en los institutos donde se intenta desentrañar el origen del universo y demás verdades.
Yo sabios he conocido solo dos o tres en mi vida, pero tíos y tías más inteligentes que yo me los he encontrado a patadas, algunos los trato cada día y a unos pocos tengo la suerte o desgracia de poder llamarlos amigos. Pasados los treinta las borracheras son menos, las drogas inexistentes y las proezas sexuales mentira, sin embargo el espíritu golfo, libre y canalla se incrementa. Alegra y tranquiliza verlos casados a muchos, conviviendo a otros y algunos incluso procreando, son buena gente, brillantes profesionales, pagan impuestos, madrugan y se acuerdan de la familia en navidad. Sin embargo, cuando los miras bien, sigues descubriendo en ellos esa picardía madura y soberbia del tío que un día fue considerado el freaky de la clase porque derivaba como nadie o se sabía pasajes de las dos torres de memoria, y ahora sabe que con paciencia y un poquito de empuje se puede camelar a cualquiera, o a cualquiero.
Reconforta a uno con su edad el leer que los grandes de verdad, los sabios como Revel, nos son puritanos, bienpensantes, políticamente correctos y modositos, el tipo de hombre que tanto debe poner a nuestra ministra de igualdad o de mujer que tanto debe excitar a nuestro Primer Ministro ("yo solo miro a mi mujer" leí que decía una vez en una entrevista sosoman).
Tranquiliza descubrir que las grandes vidas públicas y las grandes creaciones intelectuales normalmente van acompañadas de excitantes, divertidas y muchas veces oscuras vidas privadas. Y que algún día cuando seamos dos viejos pesados a las que las niñas no nos hagan ni caso mi amigo Luis y yo (y muchos otros que no mento por prudencia) podremos celebrar la navidad como ese rockero de Love Actually y su manager de siempre: "we had a messy life, but what a life"
Y besaremos en la boca a la primera que pase por la calle.

Posted by antonio at March 29, 2009 04:00 PM

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