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January 03, 2008

Budapest

Tercer anochecer en Budapest. Ya me he fundido prácticamente todos los florines que traía y empiezo a tirar de la visa. Pero vale la pena.
Es una ciudad extraña, bonita y sucia, enorme pero solitaria, fría pero acogedora. Genera el desasosiego de ciudad sin espíritu que siempre imaginé que encontraría en las antiguas repúblicas soviéticas pero al mismo tiempo, vaya donde vaya, descubro que es el sitio con el alma más intensa que he conocido, con el permiso quizás de Nueva York.
Mi nuevo estado civil me llevó la semana pasada a Estrasburgo. Ciudad pequeñita al lado del Rin, preciosa, con gente educada, tiendas modernas y calles que parecen salidas de un villancico. Resumiendo, una ciudad perfecta en la que no viviría ni por un puesto en el Parlamento que acoge (horroroso por cierto) con dietas, sueldos taxfree y vida con las tres ces aseguradas. La ciudad no tiene alma.
Esto viene a cuento porque Budapest es lo opuesto: ciudad incómoda, antigua, sucia, pero que atrapa, enamora.
He venido solo. No conozco a nadie en la ciudad y contrariamente a lo que todos mis conocidos piensan no he usado hi5, icq, myspace, facebook ni nada que se le parezca para asegurarme una guía con ganas de practicar su español dando vueltas por la ciudad y quien sabe qué otras cosas dando vueltas por mi cama. Por más típico, cursi y pedante que suene, he venido a Budapest a estar solo. A pasear, descubrir mi primera ciudad de Europa del Este (Estambul, se pongan como se pongan los que no han viajado en su vida, no es Europa), acabarme dos libros y recuperar la costumbre de rellenar ginebraconhelio.
Aterrizo en Budapest a las 23H00, noche cerrada y todo nevado. No se ve un alma, el aeropuerto es pequeño y todo está oscuro, quiero creer que soy un espía americano aterrizando en la antigua Bucarest o en algún lugar perdido en el báltico, pero no soy capaz.
No voy a hacer una explicación lineal de mis experiencias húngaras. De hecho ya estoy acabando. Sólo quiero dejar por escrito que esta ciudad, tras sólo 48 horas en ella, me ha hecho sentir una mezcla de sensaciones extraña y genial. Tiene la monumentalidad de París pero sin caer en sus aburridas simetrías, las estatuas, las plazas, las farolas la hacen mucho más bella que la ciudad del Sena. Sólo en una cosa le gana la francesa: el Danubio es mucho más bello que el Sena, es inmenso pero mientras que París acoge el río, lo hace suyo, parece que nada tendría sentido sin él, en Budapest el Danubio es una frontera, literalmente parte la ciudad en dos. Budapest es Budapest desde finales del XIX, antes eran dos ciudades distintas Buda y Pest. Los Austríacos burocráticamente unieron las dos ciudades, pero no pudieron eliminar la separación física y psíquica que genera el río. El Danubio separa Buda y Pest como el Bósforo distancia Europa de Asia, parece que el río sea el punto de unión, cuando en verdad es la línea de división. De todos modos, entre París y Budapest, sin duda Budapest. Y que conste que París me fascina.
Leo en la lonely que Budapest es la pequeña París, no es cierto, si tiene que ser algo es la pequeña Nueva York. Pasear por sus avenidas es como pasear por el lower east o quizá el meat packing district. Incluso la gente tiene la misma actituda educada pero distante. Incluso el Danubio a veces recuerda al Hudson. Deben ser cosas de la geopolítica.
Las chicas (que uno quiera estar solo no significa que ponga en stand-by sus instintos) no tienen el estilo de las rusas o las bálticas pero siguen poniendo en su sitio (como todas las nacidas bajo el Pacto de Varsovia) a la muy liberales y liberadas occidentales. Cada día que pasa más me convenzo del daño que Zara, la MTV, Sex in the City y la BCN Fashion Week están haciendo en Europa occidental, ninguna de mis conocidas sea española, francesa, italiana,… es capaz de vestir con la mezcla de clasica y moderna que gastan nuestras paisanas orientales. Imagino que igual que los hombres nos hemos olvidado de cómo se lleva un sombrero o una capa, las chicas se han olvidado de cómo se lleva un corsé, una falda corta, una bufanda o un liguero. Espero que mi admirada globalización funcione por una vez de los pobres a los ricos.
Hay dos cosas que resaltan de las chicas en Budapest: la primera es que son casi todas delgadas y guapas, no la belleza espectacular de las rubias eslavas pero sí una belleza tranquila, morena, de ojos grandes y boca y nariz pequeñas; la segunda, y la que atonta de verdad, es que aquí las chicas miran a los ojos y aguantan la mirada. Nada de mirada seductora o agresiva, sencillamente te miran. Voy por la calle, literalmente, acojonado, cada vez que miro a una chica ella me devuelve la mirada hasta que yo dejo de sostenerla. Suerte que nunca me emborracho estando solo porque me meteria en líos.
Y hablando de líos, y para acabar, aviso a los navegantes que en solitario o en grupo decidan venir a esta ciudad a pescar: a según qué horas de la noche hay muchas chicas por la calle y en los bares con demasiado interés por saber de dónde vienes y a dónde vas. Mientras que más o menos todos reconocemos a una lumi, menos saben reconocer a un anzuelo y el milagro de una modelo interesándose en nostros puede fácilmente acabar en una mala experiencia con matones de discoteca y enormes facturas a pagar de por medio. Así que, como bien dice la lonely, si es tan bonita que parece mentira, probablemente es que lo es, osea, mentira.

Que me encanta Budapest.

Posted by antonio at January 3, 2008 09:06 PM

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