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February 13, 2005

Paletoland.

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Juro que no lo hago a drede. Que fue sin querer.
Estaba yo tan agusto recibiendo amigos en casa el miércoles cuando escucho de refilón dos perlas procedentes del programa de las cerezas de TVE internacional. Que ya lo sé. Que la culpa es mía. Que para qué la enciendo. ¿Pero qué queréis?
Se me antragantaron la cerveza, los amigos y la noche.
Primera perla: Pepe Borrell (que siempre me ha caído bien) afirmando que votar que SÍ a la constitución es votar que no a Bush. Osea, a la política americana, osea a la política seguida por la mayoría de países europeos para imponer la democracia en Irak. Y por silogismo de segunda especie: votar que SÍ es apoyar a la minoría europea que en su momento prefirió alargar la dictadura porque ya les iba bien. Es decir, votar que SÍ es votar que sí a Saddam.
Ale.
Tras esta primera maravilla aún podría haber continuado felizmente con mi cerveza y mis amigos: Antoñito, ahí lo tienes, otro argumento a favor de tu NO.
Pero es que a continuación y sin avisar llegó la segunda perla. Lucía Etxeberria (o como se escriba) dixit: "Total, hemos roto las buenas relaciones con EEUU ¿y qué? ¿acaso nos ha cambiado la vida?".
Ataque de tos.
Pues a ti claro que no te ha cambiado, pija repelente. Tú sigues cobrando millones por tus royalties, sigues saliendo por la tele (ahora más), y sigues viviendo como Dios. Pero es que resulta que los hay que los únicos millones que tenemos los tenemos en forma de deudas. Los hay que dependemos de la marcha de la economía para llegar o no llegar a fin de mes, para levantarnos antes o después, para poder volver a España o seguir en Suiza, para ver o no ver a nuestra niña este fin de semana. Los hay, vamos, que no tenemos tu puta suerte y tenemos que lidiar con nuestra perra fortuna.
Y entonces me acordé.
Vi hace unos años en un documental sobre el ocaso del franquismo una manifestación en la plaza de Oriente para apoyar al régimen tras la ruptura de relaciones con varios países y un buen rapapolvo de la ONU (UNO en inglés) por el fusilamiento de terroristas allá por el 74 (más o menos). Ya sabéis, toda la parafernalia: autobuses, bocadillos, !Franco! !Franco!, la camisa nueva, Lorenzo deslumbrando... Y al fondo una pancarta escrita a mano que resumía el país de catetos que éramos: Si ellos tienen UNO nosotros tenemos DOS.
Pues lo mismo.
Vuelven los catetos, los ignorantes, los marmolillos que van de modernos y progres porque practicaron una vez el lesbianismo y ahora lo cuentan (cuando lo moderno de verdad es no contarlo) o que no se cansan de dar la paliza con lo de los derechos de los gays porque conocen a tres o cuatro que son supermajos (cuando lo lógico es que uno ni se plantee los derechos de los homosexuales aunque los cuatro que conoce sean una banda cretinos, igual que no se plantea los derechos de los zurdos o de los notarios de Palencia). Y el resto idolatrando.
Hubo una época en España, tras la dictadura, de grandes políticos, de hombres de estado, de periodistas, intelectuales de los cuales muchos habían hecho una guerra civil y sabían de qué hablaban cuando opinaban sobre política.
Pero llegó Tómbola, y el Tomate, y los marcianos, y se jodió el invento. Los sofistas ganaron a Sócrates. Se acabó la política y apareció el marketing. Se acabaron las ideas y llegaron los lemas.
Yo nunca voté a Aznar en las dos oportunidades que tuve, no me gustaba. Pero algunos le votaron en el 96 y muchos, tras una legislatura a medio gas, y aunque ahora no lo digan, lo hicieron en el 2000. Y entonces la política comenzó a descatetizarse, de repente nos metimos en temas mayores, España empezó a repartir codazos para ser alguien entre los que mandan. Y se metió en el club de los seis o siete países que, pese a estar tan llenos de cabrones como los otros, almenos se mojan.
Pero volvieron los catetos, se hicieron fuertes, y se acabó lo que se daba. Que sí, que vale, que ha bajado el paro y ahora esto empieza a chutar, pero... ¿ahora nos vamos a meter donde no nos llaman? ¿Adónde vas colega?. ¿Para qué vamos a querer parecernos a la ciudad? ¿Ahora vamos a llevarnos bien con los pijos de la capital que son unos imperialistas? Que no, colega. Que estamos muy bien así, es más, ahora cuando vengan les pincharemos las ruedas de los coches. Y si se cabrean, pues que no vengan. Y si no vienen a mí qué más me da si no tengo ningún hotel. Y claro, no vuelven.
Pero ¿para qué vamos a cambiar el pueblo con lo bonico que es?. Con sus vacas, sus intelectuales de la plaza mayor, sus ovejitas, sus cerditos y, sobretodo, sus borricos.

Posted by antonio at 12:31 PM | Comments (0)

February 05, 2005

El Gilipollas y la Felicidad.

Nada mejor que una buena gilipollez para alegrarte la noche del sábado. Estaba yo adoctrinándome con el Telediario de TVE Internacional cuando, así, sin avisar, ha salido en pantalla un ilustre diputado del Parlamento de mi paisito por Iniciativa per Catalunya - Els Verds (tócate los dídimos con el nombre) declarando, muy jovial y orgulloso él, la intención de redactar un proyecto de ley (o una ley de proyectos o como diablos se diga) en el que se formula el ¡ojo! "Derecho de los catalanes a la felicidad". Toma ya. Así, sin más, y se ha quedado tan ufano el tío.
Tras lograr expulsar el trozo de fuet que por poco me mata tras el inicio de apoplegía que el fulano me ha generado, me he puesto a reflexionar sobre las consecuencias que la gilipollez en cuestión tendría sobre el resto de mis días si pasa de gilipollez a secas a ley gilipollas.
Ahí lo tienes, Antoñito, ya puedes dejar de preocuparte sobre cómo devolver tus deudas, qué diablos hacer con tu carrera, cómo convencer cada día a tu chorba de que no se vaya con otro, qué leches comprarle a tu cómplice para el lunes que es su cumple, cómo ayudar a que tus padres sean al menos una milésima parte de lo felices que ellos te hicieron a ti, cómo, en definitiva, pasar de la mejor manera posible por esta vida que de vez en cuando se puede poner muy perra.
A relajarse: Iniciativa por Cataluña - Los Verdes (y vuélvetelos a tocar) tiene la solución: la Felicidad es un derecho y, como tal, a partir de ahora los responsables de dármela son los políticos.
Nada por aquí, nada por allá, helado del piña para el niño y la niña, voilà: todos felices.
Pues resulta que uno, que por desgracia no es Hume, distingue dos tipos de Felicidad: la primera, que llamaré vital, y la segunda, que llamaré segunda. La felicidad vital tiene más que ver con la percepción de uno mismo, con lo mejor o peor que te van las cosas: el orgullo, la realización, la motivación. Vamos, las ganas que tiene uno de abrir los ojos cuando el despertador suena a las 7 de la mañana, el muy hijo de su madre. La segunda tiene más que ver con la felicidad de los animales, es decir, el caballo concupisciente de Platón: la que, por poner cuatro ejemplos, algunos encuentran pateando por el monte, otros en el onanismo, otros en el alcohol y algunos, los más hijoputas, jodiendo la vida al prójimo.
En mi caso la felicidad vital no hay político que me la consiga, así que obvio su análisis. Pero la segunda, !ay la segunda!. Sin llegar a considerarme un epicúreo, tengo toda una retahila de objetos, actos, y personas capaces de hacerme el más feliz de los mortales y, si el proyecto de ley de mi nuevo mejor amigo culmina en ley hecha y derecha, me veré en la obligación de exigir a mis gobernantes que incluyan una partida en los presupuestos generales del paisito con el fin de otorgármelos.
Que los derechos derechos son, oiga. Y si mi felicidad es mi derecho, en mi derecho estoy de que el conseller o consellera de felicidad me consiga, por poner sólo tres ejemplos, una noche con Kurnikova, otra con Halle Berry y (tampoco nos vamos a poner machistas) otra con Brad Pitt para que me explique cómo diablos lo hizo para ligarse a Rachel y de paso dé una alegría a Esther, que ella, pese a exiliada, también es catalana y por lo tanto derechosa (de derechos, ojo) de la felicidad.
Y ya que estamos, puesto que no hay más verdadera felicidad que la que uno encuentra en la bisectriz del ángulo principal de la niña que uno ama (gracias Arturo P.R.), unos cuantos billetes de avión Ginebra-Barcelona no irían mal para poder pasar el sábado noche emborrachándome con mi compañera en todo esto de buscar la felicidad en lugar de estar solo en casa, comiendo fuet malo y escuchando soplapolleces de un capullo pijo que se cree Rousseau y no llega a Don Pimpom.
Si es que, como dijo el clásico antes del viva honduras:
manda huevos.

Posted by antonio at 09:23 PM | Comments (1)